“HOY TENEMOS UNA MEDELLÍN QUE ESTÁ INTEGRADA, QUE SE CONOCE, EN LA QUE ESTAMOS TODOS JUNTOS, HAY MUCHÍSIMO POR HACER, LAS OPORTUNIDADES ESTÁN AQUÍ PARA TODOS”.

En Pomario no les gustan las cosas tradicionales. Por eso Mariana, cofundadora de este emprendimiento social, es la “directora de imaginación y creación”, por eso sus trabajadores tienen títulos como “dueña de transformación” o “dueño de producción” y por eso, desde hace siete años, están dedicados a mover por todo el país lo que ellos llaman “vegetales especiales”.
Título que llevan con toda razón: flores comestibles de todos los colores, germinados que potencian su valor nutricional y, en general, “vegetales orgánicos, frescos y hermosos, cultivados, cosechados y transformados de la mano de pequeños agricultores y comunidades que trabajan con nosotros”, como dice Mariana.
“EMPEZAMOS DE MANERA MUY ARTESANAL, HOY EN DÍA LA TECNOLOGÍA ESTÁ DE NUESTRA PARTE. DESDE EL SISTEMA QUE USAMOS PARA RECIBIR PEDIDOS HASTA LA FORMA COMO HEMOS SISTEMATIZADO NUESTROS PROCESOS. HOY TODO ESTÁ COMPLETAMENTE SOPORTADO POR LA TECNOLOGÍA, LO QUE NOS PERMITE LLEVAR A ESAS COCINAS DE ALTO VALOR UN ALIMENTO QUE ES ESPECIAL”.
El objetivo de esta empresa, en la que trabajan cuatro hermanos que son la tercera generación de una familia que decide emprender en el campo, es a la vez simple y retador: dignificar la labor del agro. “Donde sea que nosotros estemos, poder trabajar con las comunidades, con las personas que están siendo nuestras empleadas, vincularlas a nuestra cadena, ofrecerles programas de formación”, explica Mariana.
Eso es lo que más orgullo le genera. Su familia ha vivido la transformación del campo colombiano, a presenciado las dificultades del conflicto, de la financiación, de la distribución de la tierra, y poder decir que su empresa prospera, se mantiene y aporta a los campesinos, la llena de orgullo y felicidad.
Y esto lo ha logrado, entre otras cosas, gracias a la tecnología: esta le ha dado las herramientas para poder ofrecerle a los cocineros esas cosas que hace siete años eran inalcanzables en nuestra ciudad. “Las soluciones llegaron de la mano de la ciencia, la tecnología y muchísima investigación”, cuenta.“Y Ruta N ha tenido un papel muy importante en nuestra historia, especialmente en toda la parte de emprendimiento social. Nos ha permitido conectarnos, visibilizarnos, tener acceso a formación y capacitación, conocer a las personas que hoy son inversionistas nuestros”, agrega.

En 10 años, Mariana se ve cocinando y cosechando sus vegetales especiales. Se ve apoyando a una cuarta generación de su familia que, espera, seguirá dedicándose al agro y la tecnología. Se ve llevando sus productos a toda Colombia y continuando con su contribución a la integración que, según dice, hace de Medellín un lugar especial para el emprendimiento.
Y esto lo ha logrado, entre otras cosas, gracias a la tecnología: esta le ha dado las herramientas para poder ofrecerle a los cocineros esas cosas que hace siete años eran inalcanzables en nuestra ciudad. “Las soluciones llegaron de la mano de la ciencia, la tecnología y muchísima investigación”, cuenta.“Y Ruta N ha tenido un papel muy importante en nuestra historia, especialmente en toda la parte de emprendimiento social. Nos ha permitido conectarnos, visibilizarnos, tener acceso a formación y capacitación, conocer a las personas que hoy son inversionistas nuestros”, agrega.

En 10 años, Mariana se ve cocinando y cosechando sus vegetales especiales. Se ve apoyando a una cuarta generación de su familia que, espera, seguirá dedicándose al agro y la tecnología. Se ve llevando sus productos a toda Colombia y continuando con su contribución a la integración que, según dice, hace de Medellín un lugar especial para el emprendimiento.

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