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VBraille, por una educación de calidad para niñas y niños con sordoceguera

“¿Querés lograr algo complejo, o que desde lo sencillo pueda cambiar muchas vidas?” Esta fue la pregunta que, hace cinco años, le dio a Jennifer Rodríguez el ánimo para seguir adelante con su proyecto de desarrollar un teclado que facilite la comunicación de personas sordociegas con sus interlocutores que no saben braille, que más adelante se convertiría en toda una estrategia de educación inclusiva.

Proyecto que, a pesar de las críticas que recibió en un principio en la Universidad, sí propone algo complejo: unir a niñas y niños ciegos, sus maestros y sus familias alrededor de una tecnología entendida como un tejido tecnosocial que facilite sus vidas.

Se llama VBraille y empezó en 2015 como un trabajo de grado universitario de la EIA, al que Jennifer llegó como investigadora para desarrollarlo e implementarlo. En el camino comprobó que, aunque era la base tecnológica, lo importante no era el teclado, sino lo que podía lograr con él.

Aprendió que 7 de cada 10 niños y niñas con discapacidad no van a la escuela y, los que van, tienen altas posibilidades de desertar. Y decidió que VBraille podía ser la herramienta y la metodología para evitarlo.

Su paso por la maestría en discapacidad e inclusión social de la Universidad Nacional significó para ella un reto, pero le dio perspectiva. “Me ayudó a entender la tecnología como un tejido tecnosocial que es formado y transformado entre la sociedad y el desarrollador -explica Jennifer-. Yo soy de formación ingenieril, super cuadriculada. Creí que con el desarrollo técnico había ‘goleado’, pero llegué a la Maestría y aprendí el concepto de tecnología social: concebida, desarrollada, formada y transformada por la sociedad”.

 

equipo vbraille

 

Además, conoció a quienes hoy hacen parte de su equipo: John Díaz, Fanny Lucía Lozada y Julian Sánchez Abogado llegaron para aportarle a VBraille conocimientos desde su experiencia propia, metodologías y estrategias de enseñanza para los profesores.

Porque eso es lo que hace la plataforma hoy: basarse en el diseño universal de la educación para brindarle a “la gran escuela” - miembros de las instituciones educativas, maestros, familia, ciudad- herramientas técnicas y metodológicas para que los niños y niñas sordociegas accedan a su derecho a la educación y nunca más vuelvan a ser los relegados de los salones de clase.

VBraille, entonces, inicia con un teclado que, a través de vibraciones basadas en el braille, facilita la comunicación entre personas sordociegas y sus interlocutores que no conocen dicho sistema de escritura. Además, ofrece una plataforma que, bajo el modelo de suscripción, da acceso a una oferta de cursos y metodologías para la planeación de clases, y a una red social de apoyo e intercambio de experiencias.

Con este, Jennifer, Fanny Lucía, Julián y John están aportando a alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4, Educación de calidad; el 10, Reducción de las desigualdades y el 1, Fin de la pobreza.

LO MEJOR DE SU PASO POR LIF

“Mi mentalidad emprendedora me cambió un ‘montononón’ con LIF”, cuenta Jennifer. Principalmente porque dejó a un lado la creencia que la ha acompañado de que es mal visto que una empresa que trabaja con una causa social genere ganancias.

Las personas que se benefician de su desarrollo no tiene la capacidad de pagarlo, pero eso no significa que el proyecto no sea rentable. “El dinero no es nuestro fin, es el medio”, dice, y agrega que su participación en el programa “ha sido super buena, yo estoy super feliz porque nosotros sabíamos que teníamos un potencial para impactar positivamente, pero no sabíamos cómo hacer plata. Esta alianza nos ayudó no solo a lograr el modelo de negocio, sino a ser competitivos a nivel mundial”.

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