La esencia de las cosas se mide en nanómetros

22 de Marzo de 2018 en Tendencias, Investigación, Negocios

La esencia de las cosas se mide en nanómetros

El investigador Herbert Enrique Kergueles muestra cómo, un revestimiento que incorpora nanotecnología, convierte un vidrio en conductor de electricidad.

Cuando alguien menciona la palabra nanotecnología, lo primero que nos llega a la mente es un batallón de pequeños robots viajando por el torrente sanguíneo atacando células malignas o curando lesiones muy al estilo de la ciencia ficción. Y aunque, efectivamente, hay muchos desarrollos nanotecnológicos en la medicina, ese es apenas uno de los campos en los que estas creaciones pueden revolucionar la manera como vemos el mundo, utilizando una escala todavía más pequeña que la microscópica.

Para que nos hagamos una idea: un nanómetro equivale a la millonésima parte de un milímetro, la hélice del ADN mide un nanómetro de ancho y las uñas humanas crecen a razón de un nanómetro por segundo. Más perspectiva: mientras las células se miden en micras, los átomos se miden en nanómetros. Estamos hablando entonces de la esencia misma de la materia, del zoom más poderoso al que hemos podido llegar a través de la ciencia hasta ahora.

Tomemos por ejemplo la industria forestal. A escala macro, los árboles se utilizan para hacer muebles, calentar los espacios con leña o alimentarnos con sus frutos. Con un mayor nivel de procesamiento tenemos el papel, los pañales y algunos insumos médicos. Sus fibras se utilizan en productos como los helados, las llantas y el biocombustible. Un poco más de zoom y llegamos a las microfibras, que son utilizadas en la producción de pintura, detergentes y farmacéuticos. El siguiente zoom nos lleva a escala nano: de la celulosa extraída de los árboles se ha desarrollado papel transparente, paneles aeroespaciales, refuerzos para polímeros, baterías flexibles y papel conductor de energía. Pero ahí no paramos: más pequeños todavía son los nanocristales de celulosa, que por su fortaleza (mayor que la de algunos metales) y ligereza pueden ser usados en la creación de filtros de agua, implantes médicos biodegradables, adhesivos, y armaduras antibalas.

Y si todo esto suena demasiado lejano, la realidad es que en Medellín y Antioquia hay más de 20 empresas que ya están aplicando nanotecnología en sus procesos, como Argos, que está desarrollando concretos que se autorreparan o Corona, que, en alianza con Sumicol, aplica nanopartículas a sus productos cerámicos.

“Para que esto funcione tienen que existir sinergias entre las empresas y las universidades. UPB viene trabajando en este tema fuertemente: tenemos un pregrado en Ingeniería nanotecnológica que está a punto de graduar a sus primeros nueve ingenieros y que harán parte de ese talento para desarrollar negocios nano en la ciudad. Adicionalmente, tenemos protocolo para 10 materiales que estarán disponibles para la industria”, señala Herbert Enrique Kergueles, docente e investigador de la Universidad Pontificia Bolivariana.

Precisamente para facilitar e impulsar el desarrollo de nuevos proyectos nano en Medellín y el país se creó el Centro Nacional de Nanotecnología, que reunirá los recursos de la ciudad (tanto de talento como tecnológicos) y los pondrá a disposición del ecosistema a través de una ventanilla única de atención en la que los empresarios podrán aprender de las diferentes oportunidades de negocio y, al mismo tiempo, acceder a la oferta de productos y servicios derivados de la investigación en nano.

Escrito por:

Camila Aristizábal

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