¿Es un humano, es un robot? No, es un cyborg

28 de Agosto de 2018 en Personajes, Tendencias

¿Es un humano, es un robot? No, es un cyborg

Su nueva vida empezó como un proyecto de arte. A Neil Harbisson, Moon Ribas y Manel Muñoz, su curiosidad por la corporalidad, la tecnología y el planeta los llevaron a pasar lo que, hasta ahora, se consideraban los límites del cuerpo. Ahora, no se consideran humanos. Se consideran transespecie. Y se conocen como cyborgs.



Neil Harbisson tiene 34 años, visión en escala de grises y, desde 2004, una antena en la cabeza. Esta empezó a hacer parte de su cuerpo cuando en la universidad le pidieron hacer una obra artística que involucrara tecnología y él, que siempre había estado en contra del uso excesivo de esta, encontró la oportunidad perfecta para usarla en algo que sí le llamaba la atención: acercarse más a la naturaleza.

Por eso, aunque le han preguntado si es una lámpara de lectura, una GoPro o, incluso, le han dicho ‘Pokemon’, él es activista cyborg. Y por eso tiene, como algunos otros animales, la posibilidad de ‘escuchar’ todo el espectro de colores, incluso los invisibles al ojo humano. Su color favorito, dice, es el infrarrojo.

Según Neil, la vida de un cyborg es diferente de la de un humano corriente porque ellos, además de comer y dormir, también tiene que cargarse. Pero los días de este cyborg en particular también tienen un gran componente de pedagogía: ha sido invitado a numerosas universidades, museos, festivales de arte y ciencia, programas de televisión y plataformas de divulgación como las charlas TED; lugares en los que hace performance y habla con el público sobre qué es y qué se siente ser un cyborg. Esa vida de activista la comparte con otra cyborg catalana.



Moon Ribas es una artista contemporánea con 33 años de humana corriente y 11 de cyborg que interpreta los movimientos sísmicos a través de la danza y la música. Ella, en sus palabras, es solo la intérprete de esa ‘música’: la Tierra es la compositora. Los sensores que tiene en los pies le permiten sentir cada movimiento de la corteza terrestre, desde un terremoto tan fuerte como el de México de 2017, hasta uno igual de fuerte pero que, por darse a una distancia tan grande de la superficie de la Tierra, solo puede sentir ella.

Moon tiene dos latidos dentro de su cuerpo: “el del corazón y el de la Tierra”. Esto, cuenta, le ha dado un entendimiento especial de nuestro planeta. “Es un ser orgánico, como nosotros, que se mueve, cambia, se acomoda. Y estas cosas -los terremotos que se generan a partir de estos movimientos- no necesariamente son dañinas”.

La artista, además, puede sentir los movimientos de la Luna, o ‘lunamotos’. Así, se ha convertido en una especie de “sensonauta” que puede, gracias a sus sentidos expandidos, estar en el espacio y en nuestro planeta al mismo tiempo.



Manel Muñoz, por su parte, está muy presente en la Tierra. Este fotógrafo y artista cyborg de 21 años desarrolló un dispositivo que desde hace un año le permite percibir los cambios en la presión atmosférica y, así, sentir y oír cuando se acerca una borrasca o un anticiclón. Dice sentirse "muy líquido", muy fluido, y por eso quiso mantener esa relación especial que tiene con la lluvia siempre presente.

En su natal Barcelona ya está acostumbrado a las sensaciones que le genera el clima, pero en otras ciudades, como en Medellín, por ejemplo, se siente “medio loco”. Esto, porque el cerebro de Manel hasta ahora está aprendiendo a identificar y codificar esos estímulos nuevos que recibe constantemente. Por eso, explica que ni él ni ningún otro cyborg apagan sus órganos, pues detendrían ese proceso de aprendizaje. No tendría ningún sentido.

Porque eso es ahora la tecnología que está en sus cuerpos: un nuevo órgano. Ellos, como explica Neil, no “llevan” antenas o sensores consigo. Ellos tienen antenas y sensores que, como órganos de su cuerpo, les ayudan a ampliar sus sentidos. Ellos no llevan tecnología, ellos son tecnología.

Una plataforma para diseñarse a uno mismo

“El arte de crear tus propios sentidos”: así definen estos artistas los proyectos a los que se dedican y así explican el movimiento que han generado, para el que Moon y Neil fundaron en 2010 la Cyborg Foundation, una plataforma que se dedica a investigar, desarrollar y promover proyectos relacionados con la creación de nuevos sentidos. En esta plataforma, se define “cyborg” como la unión de lo cibernético con lo orgánico y se defiende la idea de que cualquier persona puede diseñar y modificar su cuerpo a su antojo usando “Sentidos Artificiales”.

Gracias a la Cyborg Foundation y a su brazo social, la Transpecies Society -de la que hace parte Manel-, estos tres artistas han podido ayudar a personas en todo el mundo que quieren aumentar o mejorar sus sentidos. Así, por ejemplo, empezaron a trabajar con otros artistas en proyectos para desarrollar sentidos que les permitan recibir las ondas cósmicas o percibir lo que hay detrás de sus espaldas.

Y gracias también a la Cyborg Foundation se ha generado más consciencia alrededor de la soberanía del cuerpo, específicamente de estos cuerpos que pueden conectarse con su contexto -literal y figurativamente- de manera diferente. Por eso crearon, junto con el investigador Richard McKinley, los derechos civiles de los cyborgs, que son cinco:

  1. derecho a no ser desensamblados o modificados,
  2. derecho a expresarse a través de modificaciones de su cuerpo
  3. derecho a ser reconocidos y gozar de todos los privilegios de los humanos corrientes,
  4. derecho a dominar su cuerpo y tener soberanía sobre este,
  5. derecho a ser los únicos dueños de sus órganos tecnológicos.

Sin duda, la tecnología ha cambiado y ayudado a redefinir la vida de estos tres artistas y activistas cyborg, y puede seguir haciéndolo para muchas personas más. Pero ellos esperan que, en el futuro, esto no sea visto como obra de la tecnología, sino como algo natural. Como dice Neil: “Ahora es tecnología, pero en un futuro muy cercano no lo va a ser. Vamos a ver cómo vamos a poder diseñar nuestros cuerpos mientras estamos vivos y eso es una libertad que nos va a permitir descubrir y redescubrir el mundo”.

Escrito por:

Maria Camila Bernal y Diego Pérez

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