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De investigador a emprendedor: un dispositivo para mejorar la vida de las personas con hidrocefalia

3 de Diciembre de 2018 en Investigación, Negocios, Tendencias

De investigador a emprendedor: un dispositivo para mejorar la vida de las personas con hidrocefalia

Reducir riesgos y tiempos y mejorar la calidad de vida de los pacientes con hidrocefalia: esa es la meta con la que María Roldán, docente e investigadora de la Escuela de Ingeniería de Antioquia y del CES, ha trabajado desde que se graduó con honores de Ingeniería Biomédica por haber creado un dispositivo de medición de la presión intracraneal más preciso y seguro que los que hay en el mercado.

Vamos por partes: hidrocefalia, medición intracraneal… estos son términos comunes para María y otros investigadores en su laboratorio, pero que no le dicen nada a la mayoría de las personas -uno de los puntos que más le ha costado a la investigadora para comunicar su desarrollo-.

La hidrocefalia es cuando los líquidos que normalmente protegen el cerebro se acumulan a tal punto que pueden afectarlo, por la presión que ejercen. La enfermedad no es muy común y, cuando se presenta, lo hace sobre todo en niños pequeños, que se conocen por que son “muy cabezones”. Sin embargo, esta también afecta a adultos y puede dañar las estructuras del cerebro o llevar a la muerte.

Tradicionalmente, la hidrocefalia se ha tratado con sistemas de drenaje que se implantan en el paciente: un dispositivo en la cabeza se encarga de medir la presión intracraneal y, cuando aumenta el líquido, lo canaliza para, a través de unos catéteres, llevarlo a otra parte del cuerpo para ser reabsorbido.

Y aunque funcionan bien, estos sistemas tienen puntos débiles: el médico establece un punto de drenaje del líquido intracraneal y debe ajustarlo con un manual externo. Para hacer reprogramaciones -necesidad que el profesional solo atiende cuando ya hay síntomas-, es necesario recurrir a exámenes con radiación y cirugía. Cada que un catéter se obstruye, hay que retirar el sistema completo y reemplazarlo por uno nuevo, que puede valer hasta once millones de pesos.

Estos puntos débiles son los que María logró solucionar después de tres iteraciones del prototipo inicial que planteó en su trabajo de grado de pregrado. El nuevo sistema permite medir la presión intracraneal constantemente, y le proporciona esta información al paciente y a su médico en cualquier momento gracias a una aplicación, que también permite ajustar los niveles de drenaje sin recurrir a radiación. Además, tiene un algoritmo que permite hacer ajustes mucho más precisos, un sistema de detección de obstrucciones -lo que facilita el cambio de los catéteres sin necesidad de cambiar el dispositivo completo-, y una batería que se carga de forma inalámbrica.

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María Roldán tenía una tecnología con cinco años de desarrollo -que hace poco le valió el segundo puesto en el VI Foro Internacional de Dispositivos Médicos entregado por la ANDI-, pero ninguna pista de qué hacer de ahí en adelante. Se decía “muy bien María, ya está lista la tecnología, pero ¿cómo vas a salir del laboratorio? ¿Cómo vas a impactar realmente el mercado con esto?”

“Ahí es cuando entra Líderes en Innovación (LIF por sus siglas en inglés) a jugar un papel muy importante”, dice.

Cómo convertirse en una investigadora que sabe vender

Todo empezó con un proceso de alistamiento tecnológico que hizo de la mano de Ruta N. Gracias a este, y a su conocimiento previo en temas de Propiedad Industrial (PI), establecieron un modelo de negocio a partir de licencias e hicieron dos solicitudes de patente.

Respecto al acompañamiento de LIF, María dice que “no es solamente la creación de una red de colaboración entre varios investigadores, innovadores y empresarios en Latinoamérica y Londres, sino que también nos dan esa capacitación para empezar a contactar empresas, posibles inversionistas hacer un poco de estudio de mercado, saber quiénes son esos competidores que están afuera, empezar a validar esas tecnologías…”

Gracias a esto, la investigadora reconoce que ha tenido grandes logros: reunir a 35 neurocirujanos para validar su tecnología y verificar su buena acogida, reconocer que los datos recogidos por la aplicación tienen tanto valor como la tecnología mismas y adelantar conversaciones para aliarse con una de las empresas de comercialización de tecnología médica en el mundo.

Y, además, aprender a comunicar: “bueno, trata de llevarlo a un lenguaje que todo el mudo lo pueda, entender, sin explicarlo con detalles técnicos de absolutamente todo, de mostrar tu propuesta de valor”, recuerda que le insitían en LIF. “Es todo un tema de negociación. Esa mirada no la tenemos los investigadores. Yo hace un año estaba centrada en la parte técnica y punto”, cuenta.

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Tres lecciones básicas para salir del laboratorio

Además de investigadora de tiempo completo, María también hace parte de Inncuba, el grupo de la Universidad que se encarga de los temas de Propiedad Intelectual, y es profesora de Proyecto 4 en octavo semestre de Ingeniería Biomédica en la EIA.

“Quiero cambiarles la mirada como me la cambiaron a mí”, explica. Por eso, hace poco reestructuró la materia para hacer que los estudiantes, además de hacer un prototipo funcional, identifiquen su mercado, hagan validaciones, establezcan su modelo de negocio y lo presenten frente a un jurado.

Y en este proceso, ha identificado los puntos que, considera, son los más importantes para que un investigador se convierta también en un emprendedor exitoso:

  • Pertinencia en el problema y en la solución: “cuando era estudiante desarrollaba prototipos en las clases, buenos, pero cero pertinentes”, cuenta María. No se trata solo de tener una buena idea, para llevar a cabo un desarrollo también hay que responderse preguntas: ¿eso lo necesitan las personas? ¿hay un mercado para eso? ¿alguien más lo está haciendo? ¿cuáles son mis ventajas?
  • Modelo de negocio: definir a través de qué estrategia de monetización se podría poner esa tecnología en el mercado
  • Contrucción de trabajo colaborativo: “no es solamente que trabajes en equipo, sino que sepas quién más está trabajando en eso en otras partes, y con quién te puedas comunicar para ver cómo pueden ayudarte y en qué les puedes aportar tú”

Escrito por:

María Camila Bernal

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