Reducir el acoso callejero: el reto de la Secretaría de Mujeres

Cambiarse de acera porque hay un grupo de hombres más adelante. Elegir la ropa de acuerdo al tipo de transporte que vas a usar ese día. Caminar con audífonos para no escuchar lo que te dicen en la calle. Cargar con un gas pimienta. Sentir un vacío en el estómgao cada vez que encuentras en una calle sola con un hombre. Acelerar el paso o entrar a un local cuando sientes que un hombre te está persiguiendo. Acercarte a un grupo de desconocidas para que no se den cuenta de que vas sola. Pensar en qué harías si te atacan, si te manosean, si te violan. Sentir miedo. Sentir asco. Sentir rabia y tragártela.

¿Reconoces alguna de estas situaciones? La respuesta, muy probablemente, esté determinada por tu género. Si eres mujer, sabrás que el caso de Laura -la joven del video de presentación del Laboratorio de Innovación en Gobierno- no es aislado. El caso de Laura lo viven también el 34,6% de las adolescentes de Medellín que, según cifras de la Secretaría de las Mujeres de la Alcaldía, dijeron que son víctimas de acoso callejero varias veces al día; y el 60% de las mujeres que dijeron sentir que Medellín no es una ciudad segura para ellas debido a la cultura patriarcal.

Para conocer más cifras de esta encuesta, haz clic en cada imagen:

"Piropos" en la calle: a ninguna le gustan y ninguna te los pidió

Según Kate Millet, autora feminista citada en Línea Base de Percepción de Seguridad respecto al acoso y la violencia sexual en los espacios públicos entregado por el Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Universidad de Antioquia, “el sexo es una categoría impregnada de política, en donde la mitad de la población se halla bajo el control de la otra mitad”: la supremacía masculina sobre la femenina. Así, “una cultura de piropos es propia de una cultura machista, ya que esta trata los cuerpos de las mujeres como propiedad pública, sobre la cual todo hombre tiene derecho de opinar”, como cita el informe. De esta forma, se puede decir que el acoso callejero es una de las expresiones de machismo que da puerta de entrada a otras violencias: agresiones, abuso, violaciones, feminicidios.

El acoso es definido por la OMS como “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo” y su reducción hace parte de la metas de desarrollo sostenible del PNUD en el objetivo de equidad de género.

Esta es una prioridad que tienen muchos países: avanzar en la lucha por los derechos de las mujeres, incluyendo su libertad de movimiento y su posibilidad de participar en la vida pública. Por eso, ONU Mujeres lanzó su iniciativa “Ciudades Seguras y Espacios Públicos Seguros” en la que han participado 27 ciudades en todo el mundo. En Colombia, Bogotá, Villavicencio y Medellín son las que hacen parte.

Por eso, la Secretaría de Mujeres de la Alcaldía de Medellín se acercó al Laboratorio de Innovación en Gobierno de Ruta N con la pregunta de cómo reducir el acoso callejero. En Medellín, como en todo el mundo, esta no es una situación ajena a las mujeres, pero se vive más frecuentemente en Manrique, comuna 3, como lo evidencia la Línea base del CEO. Y más específicamente en los escenarios deportivos como la cancha de San Blas, lugar reconocido por las habitantes de Manrique como uno de los lugares públicos donde las mujeres están más propensas al acoso y a las violencias sexuales.

Por eso, la Secretaría se unió con el INDER y la Secretaría de Salud después de identificar y resolver un reto mucho más puntual: “disminuir prácticas de acoso sexual de los hombres hacia las mujeres en el espacio público, de manera particular en las unidades deportivas, para lograr a través de diferentes estrategias en dichos espacios, incrementar la percepción de seguridad del 50% de las mujeres que hacen uso de estos espacios”; buscando encontrar una solución y pilotearla.

El resultado de un proceso de innovación abierta fue la unión de la Secretaría con Kakatúa Violeta, una compañía de teatro que propuso hacer una campaña de teatro invisible para la sensibilización de los hombres del lugar:

El acoso y los piropos indeseados , esta vez, vinieron de otro lado. En un ejercicio de cambio de roles, tres actrices hicieron nueve intervenciones con expresiones morbosas en la cancha y la piscina de San Blas para hacerle sentir a los hombres, como mínimo, la incomodidad del acoso. El resultado: disminuyó la percepción del acoso sexual en los espacios deportivos de San Blas en el 70% de las mujeres encuestadas; y 103 de los 179 hombres abordados, incluyendo los funcionarios que atienden en las instalaciones del INDER, reflexionaron acerca de sus actitudes y firmaron un pacto de acuerdo de no acoso a la mujer.

¿Es suficiente? Seguramente no. A pesar de que el 62% de los hombres impactados parecieron haber entendido el mensaje, muchos de ellos iniciaron la conversación diciendo que no se habían sentido mal, que se habían sentido halagados. Muchos, por estar acompañados de otros hombres, prefirieron no decir nada. Y por eso, por lo difícil y necesario que es acabar con la cultura patriarcal, es que las entidades, públicas o privadas, y los ciudadano deben seguir trabajando juntos para lograrlo.



 

 

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