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¿Hay vida en otros planetas? Esta astrofísica colombiana se propone descubrirlo

17 de Marzo de 2022 en Educación, Personajes, Tendencias

¿Hay vida en otros planetas? Esta astrofísica colombiana se propone descubrirlo

Alivio, éxtasis, emoción: en Tierras, un observatorio astronómico en Arizona, una astrofísica colombiana acaba de probar que el telescopio que diseñó y reconstruyó con sus propias manos puede ayudarle a ver las estrellas. Frustración, inseguridad, expectativa: los lentes del telescopio no están alineados como deberían.

Después del ‘momento eureka’ de sacar una fotografía de un cúmulo estelar, viene el momento de darse cuenta de que la calidad de la imagen “es horrible”, y de recordar que la ciencia no es más que confrontar sus creencias y sus habilidades, probar cosas, fallar, volver a empezar y seguir probando hasta encontrar la solución. Y, como ciencia es lo que sabe hacer, se pone manos a la obra.

Juliana García-Mejía tiene 27 años -los mismos que el telescopio que está utilizando para poner en práctica su tesis de doctorado en Harvard- y lleva 4 años y medio trabajando para responderse una pregunta fundamental. Y liderar el diseño de un observatorio, trabajar en equipo, casi como en una coreografía para construir un nuevo instrumento, empacar y desempacar todo un laboratorio, cargar y descargar lentes, instalarlos en un telescopio, alinear espejos y trabajar en código por las noches para automatizarlo es solo una fracción pequeñita de todo lo que tiene que hacer para responder su inquietud. Pero es un inicio impresionante.

 

 

 

La pregunta: ¿puede haber vida en otros planetas?

La primera vez que lo pensó, estaba sentada en las montañas cafeteras de Fredonia, Antioquia, mirando las estrellas, como solía hacer. Su tío y sus primos estaban con ella, y estaban jugando a hacerse preguntas sobre el universo. “Esa pregunta se quedó conmigo y es la pregunta a la que he decidido dedicarle todo el resto de mi vida. He tenido la suerte de poder educarme y trabajar en este ámbito de investigación científica para tratar de llevar a la humanidad a contestarla”, contó Juliana cuando estuvo conversando con el equipo de Talento de Ruta N.

Para ella, “somos extremadamente afortunados porque vivimos en una época en que tenemos no solo la madurez científica, sino la madurez tecnológica para poder tratar de comenzar a responder esta pregunta”. En su experiencia, esta tecnología se ha materializado en el telescopio que utiliza para encontrar los planetas ‘tipo Tierra’ (cuyo tamaño es aproximadamente igual al nuestro) que estén cercanos al Sistema Solar pero que orbiten otras estrellas, rojas y más pequeñas, así como en el código que ha escrito junto con su equipo para automatizarlo y analizar los datos que este recoge.

Su ilusión (y su respuesta) se encuentra en algún punto de la tensión que hay entre quienes creen que el universo es extremadamente vasto, grande y viejo como para que la vida no haya emergido en otros lugares; y quienes creen que la complejidad para que emerja la vida es tanta, que el universo no es lo suficientemente grande, ni vasto ni viejo para generar las condiciones necesarias en otro planeta.

Unas personas ponen su mirada en la infinitud y complejidad del espacio exterior y sus galaxias, planetas, cometas y agujeros negros; otras, en la infinitud y complejidad de la vida y los procesos biológicos, químicos y geológicos que intervinieron en el nacimiento de esa primera protocélula que inició todo. Y Juliana, que se reconoce una científica joven que todavía tiene mucho tiempo para cambiar mil veces de opinión, está ahí, estudiando y aprendiendo. 

Pero de algo sí está segura: “estamos en un lugar en el universo absolutamente espectacular (...), es increíble que puedas estar sentado en un jardín con esas hojas verdes y esos pájaros cantando detrás de ti. No sabemos todavía, pero puede que eso sea único en el universo”.

 

Cuando sea grande quiero ser como Juliana 

¿Cómo ha hecho Juliana para mantener viva esa pregunta que se hizo a los siete años, hasta el punto de formarse profesionalmente para responderla? “En gran medida, tiene muy poco que ver conmigo y tiene mucho más que ver con el ambiente en el que me crié”, cuenta. Sus preguntas nunca fueron silenciadas, nunca se cuestionó su practicidad. Para ella, “la labor de las personas mayores, y de todos a medida que vamos creciendo, es propiciar ambientes en los que la curiosidad no se apague sino que se aprecie, y que si no se sabe la respuesta, se sepa utilizar todos los recursos para encontrarla”.

Por eso ha disfrutado cada paso de su camino, que ha estado lleno de eventos emocionantes y divertidos, pero también frustrantes y agotadores. “En este doctorado he tenido muchos momentos en que he estado en esa posición [la de aprender algo complejo en corto tiempo], y cada vez llega un momento en el que decido confiar en mí, afrontar el problema, y lo logro. Siento que mucha parte de esto de aprender a manejar la frustración y emociones alrededor de esos retos, es exposición. Hay que exponerse a ese tipo de situaciones”, dice.

La que más recuerda es cuando su asesor le dijo “esta semana quiero que trabajes en escribir un robot para que no tengas que quedarte despierta sino que el telescopio se maneje por sí mismo". Aunque tenía experiencia programando, no sabía nada de como automatizar un telescopio, y su primer pensamiento fue “este ‘man’ qué, cómo cree que yo voy a hacer eso, qué le pasa". Pero luego aceptó el reto, y aunque no terminó en una semana, investigó y logró comenzar a escribir su robot, acercándose cada vez más a noches ininterrumpidas de sueño.

 

"Estamos en un lugar en el universo absolutamente espectacular (...), es increíble que puedas estar sentado en un jardín con esas hojas verdes y esos pájaros cantando detrás de ti. No sabemos todavía, pero puede que eso sea único en el universo"


“De un momento a otro me di cuenta de que todos esos retos son llevaderos (...) Siento que esa es una de las claves de aprender software: dedicarle el tiempo, calmarse y cortar el problema en pedacitos muy pequeños”, dice. Y reconoce la programación como una herramienta empoderadora. “Casi toda la astrofísica es software -dice-. Yo todo el día me la paso programando”.

Su recomendación a quienes están pensando en la astrofísica y la programación como una opción: “puedes aprender cómo se programa un telescopio para que sea robótico y cada noche apunte a ciertas coordenadas en el cielo y tome datos, puedes utilizarlo para diseñar óptica, para decidir qué observaciones vas a priorizar una noche u otra dependiendo del clima y del lugar. Todo lo que tenga que ver con astronomía en este momento tiene que ver con software, software development y código”.

Con Ruta N puedes formarte en todas estas habilidades para la ciencia y la tecnología. Aprende a solucionar problemas, desarrolla habilidades técnicas y relacionales para lograrlo y conviértete en el talento que la ciudad necesita. Puedes empezar estudiando las tendencias en talento, dándote a conocer en el sector o acercándote a las comunidades tech.

Escrito por:

María Camila Bernal

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