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Invitamos a la ciudadanía, empresas de base tecnológica, instituciones formadoras y entidades públicas a navegar el estudio sobre la oferta de talento digital y la demanda de empleo TI de la ciudad de Medellín referente al año 2021. Aquí encontrarán información acerca de la demanda de roles digitales, el tipo de habilidades duras y blandas más requeridas por el sector TI, el comportamiento de los salarios con relación a la experiencia laboral, la tendencia de los beneficios laborales ofrecidos por las empresas, y otros datos específicos sobre la oferta de talento tech que existe en la ciudad.

“Quibo pues parcera, entonces, ¿no pues que tenías grandes sueños de crear un impacto positivo en el mundo? ¿Qué más que crear el futuro y ayudar a reducir la brecha de género y la brecha étnica en tecnología?”. Liz Parody, una de las organizadoras de Pioneras Developers en Medellín, ha tenido que repetirse esta frase varias veces en el camino que está recorriendo para convertirse en desarrolladora.

Esta frase es, también, el espíritu de PionerasDev, una comunidad tecnológica autogestionada que se centra en mujeres para acortar la brecha que existe en el mundo de la tecnología, y que nació en Medellín a partir de un sueño de Marian Villa, su fundadora.

El sueño: cerrar la brecha de género en tecnología.
El reto: en Colombia, el promedio de mujeres graduadas en programas STEM en educación superior fue de 36.7% en de los últimos 17 años. Y en el mundo, el 57% de las ocupaciones profesionales corresponde a mujeres, pero sólo el 25% es en carreras relacionadas a la tecnología.

Y aunque las cifras de mujeres que participan en CT+i sigue creciendo, la brecha entre el acceso a estas oportunidades entre mujeres y hombres no disminuye. Esto es preocupante, teniendo en cuenta que estas áreas se asocian a mejores salarios, mejores condiciones laborales y oportunidades de empleabilidad.

Por eso, Marian co-fundó PionerasDev. En los años que llevan funcionando, se han dedicado a apoyar a niñas, jóvenes y mujeres (y a otras minorías) que apuestan por el desarrollo profesional en tecnología, para que perseveren en sus estudios profesionales y emprendimientos.

pioneras

Para Marian, el sueño siempre ha sido escalar la experiencia de Pioneras a toda Latinoamérica, y poder desarrollar todo el potencial que tiene esta comunidad. “Esto me apasiona, me encanta, tenemos casos de éxito y todo lo hemos hecho en tiempo libre. ¿Cómo sería si tuviéramos la estructura, el tiempo, los recursos y lo escaláramos? sería demasiado interesante el alcance que podemos tener”, cuenta. Y eso fue lo que aprendió a hacer luego de su participación en LIF.

LO MEJOR DE SU PASO POR LIF

“Pioneras era completamente non profit y beneficencia hasta que fuimos a LIF”, cuenta Marian. Este fue su mayor aprendizaje: entender que no hay nada malo en hacer esa transición al emprendimiento social para seguir impactando comunidades que lo necesitan y hacerlo de forma sostenible y escalable.

“Siempre pensé que si monetizaba Pioneras, de alguna manera era como perder el alma o enfocarme en algo que no era, que era aportar al mundo”, cuenta. Pero gracias a las mentorías que recibió en Londres para crear su modelo de negocio, empezó a entender que esas no son cosas opuestas y que ese sueño podría lograr la tracción suficiente para convertirse en un emprendimiento social completamente sostenible y de mucho valor.

Además, gracias a los aprendizajes y las conexiones que obtuvo gracias al programa, se animó a participar en un grant con IBM, ¡y ganó! Ahora, tiene el dinero y la plataforma que necesita para desarrollar el potencial que tiene PionerasDev de tener impacto en toda Latinoamérica.

 

Los habitantes del islote Santa Cruz, en Bolívar -la isla artificial más poblada del mundo- se sorprendieron al saber que podían almacenar el agua lluvia y potabilizarla ellos mismos, sin hacer grandes inversiones, en lugar de tener el carro tanque que cada 15 días va a vendérselas.

La misma sorpresa se llevaron Johana y sus cuatro hijos, una familia de Soacha que no tenía acceso a los servicios públicos, cuando instalaron su propio sistema de recolección de agua lluvia con filtros para potabilizarla.

Podríamos decir que el origen de estas dos experiencias fue la visita de Ricardo Alba, ingeniero ambiental, y su equipo de Ekogroup, la empresa creadora del Ekomuro, un sistema vertical de recolección de agua lluvia elaborado con botellas plásticas PET, reutilizadas y reconectadas, que hacen un tanque de agua lluvia. Pero si nos vamos más atrás, el verdadero origen está en la desigualdad.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), entidad que coordina los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la escasez de agua afecta a más del 40 por ciento de la población mundial, una cifra que sigue creciendo con la crisis climática. Por eso, plantea como objetivo a 2030 lograr el acceso universal y equitativo al agua potable a un precio asequible para todos.

Aunque nuestro país no es uno de los países que más estrés hídrico presenta (según el DNP, a 2018 el 92.9% de la población tenía acceso al agua), la desigualdad que aqueja a los colombianos hace que el acceso a servicios públicos de calidad, incluida el agua potable, sea difícil.

“Es inconcebible que haya personas que tengan que pagar por uno o dos litros de agua, o gastar seis horas para conseguirla, cuando en otras partes hay quienes la derrochan”, dice Ricardo. Y esto es lo que quieren cambiar Ricardo y su familia que, con Ekogroup, han llevado a instituciones educativas y comunidades empobrecidas su Ekomuro, un sistema que, reutilizando botellas plásticas, permite un acceso al agua más sostenible y equitativo.

Lo que empezó como un proyecto escolar familiar -la mamá de Ricardo es docente, el papá arquitecto y él era líder del comité ambiental de su institución educativa- se convirtió en el proyecto de vida de Ricardo, con el que ha ganado numerosos premios internacionales.

Hoy, alrededor del Ekomuro hay toda una estrategia comunitaria de innovación social que incluye economía circular, alianzas con los recicladores locales, programas de capacitación, tecnología de código abierto y franquicias sociales para replicar los diseños en cualquier parte del mundo.

Con este, Ricardo, su familia y las comunidades con las que trabajan están aportando a alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6, Agua limpia y saneamiento.

LO MEJOR DE SU PASO POR LIF

“Desde el principio lo vimos como un emprendimiento escolar. Luego entendimos que podíamos tener un impacto social muy importante en comunidades”, cuenta Ricardo. Con esta mentalidad, llegó a LIF para seguir fortaleciendo la idea de que este, más que un proyecto, es una empresa.

“A otros les da miedo lanzar el producto porque no está perfectamente terminado, pero nosotros entendimos que podíamos lanzarlo como un mínimo producto viable, y desde ahí seguir construyendo”, cuenta.





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