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Ekomuro, por un acceso equitativo y sostenible al agua potable

Los habitantes del islote Santa Cruz, en Bolívar -la isla artificial más poblada del mundo- se sorprendieron al saber que podían almacenar el agua lluvia y potabilizarla ellos mismos, sin hacer grandes inversiones, en lugar de tener el carro tanque que cada 15 días va a vendérselas.

La misma sorpresa se llevaron Johana y sus cuatro hijos, una familia de Soacha que no tenía acceso a los servicios públicos, cuando instalaron su propio sistema de recolección de agua lluvia con filtros para potabilizarla.

Podríamos decir que el origen de estas dos experiencias fue la visita de Ricardo Alba, ingeniero ambiental, y su equipo de Ekogroup, la empresa creadora del Ekomuro, un sistema vertical de recolección de agua lluvia elaborado con botellas plásticas PET, reutilizadas y reconectadas, que hacen un tanque de agua lluvia. Pero si nos vamos más atrás, el verdadero origen está en la desigualdad.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), entidad que coordina los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la escasez de agua afecta a más del 40 por ciento de la población mundial, una cifra que sigue creciendo con la crisis climática. Por eso, plantea como objetivo a 2030 lograr el acceso universal y equitativo al agua potable a un precio asequible para todos.

Aunque nuestro país no es uno de los países que más estrés hídrico presenta (según el DNP, a 2018 el 92.9% de la población tenía acceso al agua), la desigualdad que aqueja a los colombianos hace que el acceso a servicios públicos de calidad, incluida el agua potable, sea difícil.

“Es inconcebible que haya personas que tengan que pagar por uno o dos litros de agua, o gastar seis horas para conseguirla, cuando en otras partes hay quienes la derrochan”, dice Ricardo. Y esto es lo que quieren cambiar Ricardo y su familia que, con Ekogroup, han llevado a instituciones educativas y comunidades empobrecidas su Ekomuro, un sistema que, reutilizando botellas plásticas, permite un acceso al agua más sostenible y equitativo.

Lo que empezó como un proyecto escolar familiar -la mamá de Ricardo es docente, el papá arquitecto y él era líder del comité ambiental de su institución educativa- se convirtió en el proyecto de vida de Ricardo, con el que ha ganado numerosos premios internacionales.

Hoy, alrededor del Ekomuro hay toda una estrategia comunitaria de innovación social que incluye economía circular, alianzas con los recicladores locales, programas de capacitación, tecnología de código abierto y franquicias sociales para replicar los diseños en cualquier parte del mundo.

Con este, Ricardo, su familia y las comunidades con las que trabajan están aportando a alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6, Agua limpia y saneamiento.

LO MEJOR DE SU PASO POR LIF

“Desde el principio lo vimos como un emprendimiento escolar. Luego entendimos que podíamos tener un impacto social muy importante en comunidades”, cuenta Ricardo. Con esta mentalidad, llegó a LIF para seguir fortaleciendo la idea de que este, más que un proyecto, es una empresa.

“A otros les da miedo lanzar el producto porque no está perfectamente terminado, pero nosotros entendimos que podíamos lanzarlo como un mínimo producto viable, y desde ahí seguir construyendo”, cuenta.

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