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Medicamentos hechos a partir de sangre: conoce cómo Lifefactors se propone salvar vidas

10 de Marzo de 2022 en Investigación, Casos de éxito, Tendencias

Medicamentos hechos a partir de sangre: conoce cómo Lifefactors se propone salvar vidas

La sangre sirve para muchas cosas. En términos generales, para transportar todos los elementos necesarios que mantienen al cuerpo conectado y con vida. Y en términos más específicos: los glóbulos rojos transportan el oxígeno, los blancos combaten infecciones, las plaquetas ayudan a la coagulación de la sangre y el plasma -ese caldo de proteínas que constituye casi todo el volumen sanguíneo- es el medio en el que se transportan las células anteriores. Ah, y también sirve para hacer medicamentos.

La biofarmacéutica es la industria que se dedica a hacer medicamentos biológicos hemoderivados -es decir, que se hacen a partir de plasma sanguíneo-, y que no tienen sustitutos químicos. Estos, por estar fabricados a partir de proteínas con funciones tan específicas para el cuerpo, se usan para tratar enfermedades complejas, huérfanas y de tipo genético que, normalmente, no tienen tratamiento y generan altos costos a los sistemas sanitarios.

Todos dependen para su fabricación de las donaciones de sangre. Esta industria trabaja, sobre todo, con los cientos de miles de litros que vienen de donantes remunerados, especialmente de Estados Unidos. Pero se puede hacer de otra manera: a partir del plasma que no se usa en servicios de transfusión, que en Colombia está entre los 120 mil y los 150 mil litros, y en América Latina alcanza un millón setecientos mil.

Como ya sabemos, la pandemia del Covid-19 resaltó muchos de los problemas que tienen los sistemas de salud alrededor del mundo. Y en la biofarmacéutica, empezamos a notar que el problema es de abastecimiento pues, aunque todos los países de Latinoamérica necesitan los hemoderivados, muy pocos tienen plantas instaladas en sus territorios y todos tienen altos déficit de seguridad farmacéutica en este tipo de medicamentos. Entonces en Medellín, un grupo de emprendedores se plantearon el reto de construir la primera planta biofarmacéutica del país para la región, una multinacional desde su génesis.


La empresa que lo está haciendo realidad

LF1

El propósito fundamental de Lifefactors: salvar vidas. Si lo pensamos, suena a un propósito simple, común. Si lo pensamos un poco más, es, en realidad, una meta compleja. ¿Cómo se puede salvar vidas? ¿Por dónde se empieza? Los fundadores de esta empresa lo responden sin dudarlo: con biotecnología.

Santiago Jaramillo, Juan José Zuluaga y Juan Carlos del Castillo son visionarios y no copian de nada. Iniciaron el sueño de Lifefactors en 2015, después de leer un estudio sobre la viabilidad de generar hemoderivados en Colombia, cuyos resultados, en palabras de Santiago: “no fueron muy positivos, montar una planta no era viable y había el riesgo de no tener suficiente plasma”. Desde ese entonces se le están midiendo a la reindustrialización, a la producción local de tecnología y a su exportación y desarrollo.

Su interés en hacer de Colombia una potencia en este sector y, sobre todo, el haber logrado ser la única empresa con el permiso de usar la patente desarrollada por el Instituto Clodomiro Picado, de la Universidad de Costa Rica, que hizo este camino un poco más fácil, fue el motor que movió Lifefactors desde el principio.

Así, se convirtió en la única empresa en la región que utiliza el plasma que normalmente se desecha en las transfusiones de sangre para crear medicamentos hemoderivados en su planta, con una tecnología que permite que la producción de medicamentos hemoderivados no solo sea más rápida, sino más económica, segura y sostenible, pues permite obtener mucho más producto por cada litro de plasma fraccionado (sin necesidad de tener grandes volúmenes del líquido como materia prima) y tiene menos impacto ambiental.


¿Cómo ha sido posible todo esto?

Soy de esos hijos de las apuestas de Ruta N por la formación del talento en tecnología -dice Santiago-. Estoy desde el 2012 vinculado a una de las organizaciones que incubó en biotecnología”. Cuenta que esta cercanía a la Corporación le dio, además, el acompañamiento técnico necesario para “coger una patente que funcionaba en ambiente de laboratorio para llevarla a una planta de producción mayor”, para entender y medírsele a retos de política pública y para establecer relaciones de cooperación internacional con otros países a nivel técnico y financiero.

Con la compañía de inversores, financiadores y cooperadores, “hoy hemos conseguido financiaciones cercanas a los 50 millones de dólares provenientes de socios estratégicos del sector salud colombiano, institucionales y de fomento como Ruta N y el FIEM-ICO (Fondo para la Internacionalización de la Empresa del Gobierno español), del CEDEPI, Minciencias, Bancóldex, Bancolombia, Davivienda… ha sido la suma de muchos esfuerzos, de la confianza y del potencial que tiene el negocio”.

Hoy, en el equipo de trabajo casi 120 personas distribuidas en 4 oficinas permanentes, gran parte de ellas en Colombia, pero presentes también en Costa Rica, Alemania, España, México, Ecuador y Estados Unidos. Su prioridad para este año es poner en marcha su primera planta de producción, certificarse antes las agencias regulatorias de la región y empezar a hacer estudios preclínicos y clínicos para garantizar la seguridad y eficacia de sus productos, que esperan empezar a usar clínicamente a finales de este año.

También están construyendo la segunda planta de producción, que estará productiva para 2024 y que “garantizará con gran suficiencia las necesidades de medicamentos de Colombia y de los países de la región”. Siempre en el camino del trabajo ético, la mejora de la calidad del sistema de sangre, la inserción laboral, la formación de nuevas competencias, la inversión en I+D y la gestión integral de pacientes que, a fin de cuentas, los está llevando a la meta de salvar vidas.

Escrito por:

María Camila Bernal

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