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El oro de la reconciliación: cómo ‘limpiar’ una industria con tecnología

21 de Junio de 2019 en Industria 4.0, Casos de éxito

El oro de la reconciliación: cómo ‘limpiar’ una industria con tecnología
Un escenario caótico, casi distópico: fuentes de agua contaminadas con mercurio, poblaciones enteras con enfermedades de piel y pulmones, tierra seca, largas listas de muertos, derrumbes, suplantación de identidad, algunos empresarios beneficiándose de negocios ilegales y, como si fuera poco, grupos armados ilegales recibiendo plata de todo esto. Así se ve el panorama de la minería ilegal en Colombia, con Antioquia -y Medellín- como protagonistas.

Es innegable que el problema es estructural y tiene muchas ramas. Si incluye corrupción, conflicto armado y delicados temas ambientales y sociales, ¿cómo vamos a solucionarlo? Para Carlos Andrés Mejía, médico epidemiólogo y fundador de Mintrace, la respuesta solo se encuentra en una parte: en la tecnología. Y por eso desarrolló Trazoro.

“Nosotros sabíamos que la única manera de controlarlo era con un sistema tecnológico que permitiera identificar a las personas, generar la documentación y conectarse con las diferentes autoridades y actores de manera digital, para que exista una verdadera trazabilidad. El sector de la comercialización lo que necesita es tecnología: no más normas, no más leyes”, explica Carlos.

Y en la misma onda están el Gobierno nacional y grandes empresas internacionales. Recientemente, Tim Cook, CEO de Apple –uno de los grandes compradores de oro en el mundo, para la creación de sus dispositivos-, se reunió con el presidente Iván Duque para comentar su interés en apoyar al país en la lucha contra la minería ilegal. “Eso tiene que ver con la trazabilidad de las ventas de oro, la centralización de las ventas de oro y una cadena de suministros para las empresas de tecnología donde tengamos la plena certeza de que no se compran productos que vengan de malas prácticas en el desarrollo minero”, expresó el Presidente.

Pero, ¿qué es exactamente lo que resuelve Trazoro?

En términos generales, podríamos decir que este software, que sirve para saber qué pasa en cada eslabón de toda la cadena de producción y comercialización del oro, resuelve el hecho de que un negocio completamente legal y reglamentado se haya convertido en un problema de seguridad nacional.

Colombia es el décimo quinto productor mundial de oro, con Medellín como la ciudad que más exporta. Sin embargo, la industria no está muy desarrollada y, con un marco normativo que ha sido difícil de apropiar para la mayoría de los productores y comercializadores, ha sido la vía para la financiación de grupos armados, lavado de activos, fraude, falsificación de documentos y corrupción, entre otros delitos que expone El Colombiano en este especial y que ha llevado a grandes comercializadores a líos judiciales.

Aunque tradicionalmente los esfuerzos por controlar esta situación han estado enfocados en los productores, Carlos considera que debe ponerse el foco en otra parte: “la correcta comercialización del oro es la manera más costoeficiente de controlar el problemas de la minería ilegal”, dice. La manera de lograr esa correcta comercialización es haciendo trazabilidad de todos los pasos de la cadena, y la herramienta para hacerlo es Trazoro.

Esta plataforma centraliza toda la información de los productores, o mineros de subsistencia, que están registrados ante las autoridades. Con esto es posible verificar, usando la huella digital -gracias la integración con un operador tecnológico autorizado por la Registraduría-, si esta persona es real; así como dejar un registro digital de su documentación para que no se pueda alterar. De esta manera, es posible continuar legalmente con la compra, la exportación y la recepción de dinero por ventas de oro. “Lo que hicimos fue un oficial de cumplimiento tecnológico”, explica Carlos.

“Cogimos el marco normativo, lo vaciamos en una plataforma y le estamos diciendo a la gente: usted ya no tiene la oportunidad de pensar, para bien o para mal, cómo hacerlo. Eso lo hace el sistema. Eliminamos el error humano, voluntario o involuntario”, añade. Y ahora, para que el sistema funcione mejor, está hablando con el Gobierno, los comercializadores, los bancos y los compradores internacionales para que estos reportes digitales de legalidad sean una exigencia en la industria.

¿Qué sigue para Trazoro?

El equipo de Trazoro ve una gran oportunidad de aplicar las tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial -Blockchain, IoT y Big Data-, para asegurar la trazabilidad y seguridad de cada una de las transacciones con este metal en Colombia. “Queremos implementar un sistema de ‘tareas’ que son unos controles para que los productores y comercializadores puedan demostrar que el oro sí fue extraído por la persona que dice serlo. Eso lo estamos desarrollando a través de integración con fotografías georreferenciadas y la colaboración de empresas del ecosistema de innovación de Ruta N”, cuenta Carlos y agrega que, teniendo en cuenta su participación en el foro de la OCDE en París, se podría “generar una solución con alcance global si logramos desarrollar la estrategia, incorporar la tecnología y masificarlo”.

Además, quieren hacer de este, más que una plataforma, una estrategia para cambiar un modelo económico. “Los pilares siguen siendo la transparencia, la accesibilidad y la trazabilidad. Pero ahora queremos que este negocio pueda caminar más, viendo el camino del café con los cafés especiales: un oro diferenciado a partir de sus productores y sus historias”, cuenta Carlos.

Así, sueña con crear una marca para el oro: el oro de la reconciliación. Que Colombia, al usar esta herramienta tecnológica, pueda asegurar que el metal que exporta no está más relacionado con el conflicto armado, sino con el posconflicto. “El oro puede pasar de ser un lingote que no dice nada, no transmite nada, a tener una historia que contar, que va hacia una joya que tiene otras cosas que contar. Entonces vos podés unir algo que es muy mal visto y podés hacerlo bien. Coger unas personas y, en una plataforma digital, llevarlas hasta el final, conectar los dos extremos por un tema reputacional y de dignidad de las personas”, concluye.

Escrito por:

María Camila Bernal

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