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Un distrito tecnológico para la ciudad del conocimiento

15 de Enero de 2013

Un distrito tecnológico para la ciudad del conocimiento

Medellín, desde hace varios años, viene haciendo un esfuerzo por crear un espacio destinado al desarrollo científico, tecnológico y de nuevos negocios del conocimiento que hoy está planteado en el Plan de Desarrollo de la ciudad 2012 – 2015. Y cada día, desde Ruta N y en conjunto con otras instituciones, se trabaja por lograr este objetivo.

Un proceso que se está realizando gracias al programa Erica (España y sus regiones intercambian conocimiento con Antioquia), por medio de una transferencia de conocimiento con la ciudad de Barcelona que desde el año 2000 ha venido ejecutando una estrategia similar a la que se quiere aplicar en Medellín.

El objetivo principal de este trabajo es crear un modelo, basado en lo que se ha hecho en esta ciudad española,  que respete las necesidades y realidades de Medellín. Este modelo debe mostrar todos los elementos que requiere la ciudad del conocimiento, tal como afirma desde Ruta N la arquitecta Paulina Villa, una de las encargadas de este proyecto: “Una capa de urbanismo, una capa de innovación, una capa de empresas, una capa de talento. Y esas capas deben estar articuladas con un modelo de gobernanza que no permita que ninguna pese más que las otras y que detrás de cada una de ellas haya varios actores responsables de los temas de infraestructura o urbanismo, de los temas de innovación, de los temas de empresas y de los temas de talento. Entonces lo que tiene que hacer Medellín es crear su propio modelo a partir de ese metamodel o que ellos nos transfieren”.

El nuevo norte de Medellín

No se trata únicamente de formular un proyecto, sino de hacerlo realidad en Medellín a través de una transformación urbana. Por eso el distrito se está planteando en tres barrios del norte de la ciudad: Chagualo, Jesús de Nazareno y Sevilla (incluyendo el campus de la Universidad de Antioquia).

Son 114 hectáreas en las que se espera hacer  una delimitación de la plataforma normativa que haga más atractiva esa zona para las actividades que se busca promover: “Si queremos asentar nuevos desarrollos para la transmisión de energía vamos a propiciar el asentamiento de ese uso especifico y para ello va a ser más beneficioso estar aquí que en cualquier otra parte de la ciudad”, es lo que se espera desde Ruta N.

Esta elección no fue hecha al azar, sino con una visión clara de que es la zona de la ciudad que mejores oportunidades ofrece.

Primero, porque es uno de los lugares que más equipamientos tiene en ciencia, tecnología e innovación, como la Universidad de Antioquia, el Parque Explora, el Planetario, el Jardín Botánico y el Centro de Innovación y Negocios.

Segundo, porque es un sector con oportunidades desde el punto de vista inmobiliario, ya que, aunque es una zona construida, aún tiene posibilidades de seguir creciendo.

Por último, tiene un importante desarrollo en temas de movilidad, pues cuenta con tres estaciones de metro y cuatro estaciones de Metroplús, además de muchas rutas de buses y conexión con diferentes calles importantes de Medellín.

Un poco de historia

Para lograr entonces la formulación del distrito, primero se identificaron diferentes ciudades en el mundo que hubieran desarrollado proyectos similares, y se destacó Barcelona como una de las que más había trabajado en este sentido, pues desde el año 2000 viene ejecutando una estrategia parecida.

Después de poco más de un año de trabajo, muchas reuniones y algunos acuerdos, a finales del año 2012 se firmó el proyecto: “A través del convenio Erica, que es el marco perfecto para hacer estas transferencias, se estableció el contacto con el ayuntamiento de Barcelona, y ese año entero trabajamos en cómo hacer esa transferencia, cómo iba a ser, en qué fases, cuánto iba a durar, qué temas necesitábamos que se transfirieran y finalmente a través de ese convenio logramos que se firmara”, relata Villa.

La transferencia se planteó para 24 semanas, cada una con tareas puntuales, durante las cuales se realizarán 3 misiones.

  • La primera misión, el pasado noviembre, consistió en la visita a Medellín de dos expertos españoles para hacer una prospectiva de la ciudad, conocer a los actores pertenecientes a cada una de las capas y entender en qué punto del proceso se encuentra. “Descubrieron cosas como, por ejemplo, que aquí hay una política clúster, hay unos directores clúster y esos clústeres tienen un direccionamiento estratégico –cuenta la arquitecta–, algo diferente a lo que ocurría en Barcelona cuando iniciaron la formulación del distrito, que no había una política clúster, no había directores y no había nada alrededor del tema de agrupar esos sectores de la economía.”
  • La segunda misión, que se realiza en enero del 2013, es una visita de expertos de Medellín a Barcelona para conocer in situ, todo lo que se ha estudiado sobre la capital Catalana; mirar en la realidad cómo ha funcionado el modelo de 22@ y qué dificultades han tenido. Se trata de una semana en la que se llevarán a cabo talleres en cada uno de los temas: infraestructura, innovación, empresas, talento y gobernanza.
  • La tercera y última misión, que se espera para mediados del 2013, está planteada como una nueva visita a Medellín por parte de los españoles en la que se validará el modelo para ver si está bien adaptado o bien desarrollado, ya que para Barcelona, tal como afirma la profesional de Ruta N, es muy importante que esto sea más que una relación regida por un contrato de transferencia de conocimiento: “Hay que entender esto como una relación entre Barcelona y Medellín, y quieren asegurarse de que Medellín de verdad produzca algo de toda esta transferencia. Es un tema de verificar que lo que se está planteando es viable y validarlo con los actores que sea necesario”.

Después de todo este proceso empieza el desarrollo del modelo que, según los expertos y acorde a lo que ha sucedido en España, puede tomar alrededor de 20 años, ya que “es una transformación muy profunda de la economía y además de la realidad urbana, de renovación urbana. Son procesos que toman mucho tiempo en una ciudad para ser completamente asimilados por los ciudadanos”, dice Paulina Villa.

Para esta Administración el reto entonces es formular el proyecto, que es algo que toma tiempo, no solo por el tipo de transferencia sino porque se debe validar con el Concejo y con la ciudadanía; tener cerca de tres proyectos del distrito en construcción para jalonar el desarrollo de los demás temas planteados, y tener unas empresas asentadas en el territorio.

Visión social

Desde Ruta N se ha entendido este proyecto en tres dimensiones, una de negocios, una de territorio y una social: “El modelo, que va a diferir un poco de ese metamodelo que nos van a transferir, va a tener esos tres componentes muy fuertes. En Barcelona interpretaron la dimensión social en la capa de talento, entonces ellos dicen que talento no es solo formar unos técnicos en una edad específica  para que sirvan de empleados o emprendedores en las nuevas empresas del conocimiento que se asienten o se creen en la ciudad, sino que el talento incluye a  toda la población en la que se fomentan tres valores: visión global, emprendimiento y conocimientos técnicos pertinentes para la economía que ellos están desarrollando. Al final es lo mismo puesto de otra manera. Es generar una cultura alrededor de la innovación, sensibilizar a las personas en temas de emprendimiento, impulsar la formación para esa economía en temas como bilingüismo o ingeniería”, concluye Paulina Villa.

Por esto el modelo de Barcelona es muy importante, ya que en su formulación y desarrollo el aspecto social ha jugado un papel central. El distrito se ha orientado a tener un crecimiento inclusivo, como dicen los expertos españoles, en el que no solo hay un proceso de atracción de talento para el distrito, sino un proceso de creación y desarrollo de talento endógeno. Se ha realizado un trabajo muy fuerte con las escuelas de primaria y secundaria del distrito, con una vocación de desarrollar un ADN específico de la economía del conocimiento que es  tecnológico y científico, actitud emprendedora y comprensión global.

Para ellos el reto es “crear ciudadanos libres que viven en la ciudad pero que son ciudadanos del mundo”.
Al igual que se quiere hacer en Medellín, en la capital catalana se ha logrado una combinación entre los ciudadanos que vivían antes de la transformación y los que ya tienen una cultura de la innovación arraigada en su cotidianidad.

Sobre el modelo de 22@

Después de más de 10 años de su formulación, el distrito de la innovación de la ciudad de Barcelona es un ejemplo de desarrollo social, urbano y económico para la creación de territorios del conocimiento.

En su origen 22@ nació como un distrito que intentaba resolver algunas problemáticas que tenía la ciudad, tal como cuenta Josep Miquel Piqué, director ejecutivo de la oficina de crecimiento económico del Ayuntamiento de Barcelona: “Teníamos más de 200 hectáreas en el centro de la ciudad con una decadencia funcional de la industria que estaba ubicada allí, y la decisión fue ubicar un distrito en el centro, entendiendo que esta nueva economía del conocimiento es una economía del talento, y que por tanto es una economía urbana, que se centra en los entornos de la ciudad”.

Para lograr este objetivo se desarrolló un plan a 20 años, muy ambicioso, que incluía transformaciones físicas, lógicas, tecnológicas, económicas y sociales. Se empezó, como cuenta Piqué, con un plan urbanístico que resolvió la transformación de 4 millones de metros cuadrados en el centro de la ciudad y que tienen funciones no solo para actividades económicas sino para actividades sociales. “Por tanto, ya el urbanismo está preparando, con sus infraestructuras, las actividades que van a desarrollarse en el entorno del distrito. Hay un plan de innovación muy específico basado en clústeres, y hay 5 clústeres que se desarrollan: tecnologías de la información, media, energía, salud y diseño. Cada clúster está territorializado, por lo tanto son urbanos y lo que hacen es ubicar el conjunto de agentes de una misma cadena de valor –desde empresas tractoras, institutos de investigación, centros tecnológicos, universidades, incubadoras y tejido empresarial– en un mismo lugar”.

El resultado de esa transformación, después de más de 10 años de trabajo, se materializa en más de 1500 empresas instaladas en el distrito –que no existían antes de la transformación–, y 44 600 trabajadores de la economía del conocimiento que cada día están en este espacio, desarrollando actividades económicas para el mundo.

Actualmente en este distrito hay entonces cerca de 90 mil trabajadores, ya que junto a aquellos que hacen parte de esa economía del conocimiento, se han creado también empleos en el sector de servicios, restaurantes, hoteles, servicios para la economía, entre otros. “Para cada trabajador del conocimiento tenemos un trabajador de servicios o de soporte. Eso es importante porque 90 mil trabajadores muestran que es una verdadera transformación. Esa ciudad compacta que es un espacio para vivir y trabajar, muestra toda una mezcla, un distrito en el que se encuentra una universidad, un centro tecnológico, una incubadora… y viviendas, por lo tanto las calles se usan 24 horas los 7 días de la semana”, relata el experto, que ahora está trabajando en la transferencia que permitirá construir el modelo para Medellín.

Para el catalán, el XXI es el siglo de las ciudades –así como el XIX fue el de los imperios y el XX de las naciones–, y hay un mensaje clave en todo esto: “Las ciudades saltan su eje local o regional para ser plataformas globales para negocios globales, y el reto es desarrollar distritos que sean  aeropuertos, plataformas de la innovación, conectando distritos con otros distritos y con la economía mundial”.

Para conocer más sobre el proceso que se realizará en la ciudad, sus oportunidades y retos, hablamos con Josep Miquel Piqué, del Ayuntamiento de Barcelona y uno de los expertos que estará en toda la formulación de este gran distrito de ciencia, tecnología e innovación de Medellín.

 

 

 

  

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