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El fracaso al emprender: Ni gloria, ni derrota

12 de Abril de 2016

El fracaso al emprender: Ni gloria, ni derrota


Samuel Beckett, dramaturgo inglés famoso por la obra Esperando a Godot, dijo alguna vez: “Lo intentaste. Fracasaste. No importa. Sigue intentándolo. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. Casi sin quererlo, Beckett estaba dando cátedra de emprendimiento.

Aprender, cambiar rápidamente y volver a intentarlo con más experiencia. Es esa la mirada que hoy deben tener los emprendedores cuando no todo sale como lo planearon en el primer intento, en el segundo, o incluso en el décimo.

Si algo se ha aprendido de los casos de éxito y de los grandes inventos, es que muchos de ellos no surgieron de una idea que tuvo un gran impacto de inmediato. Podemos verlo en ejemplos como la bombilla de Thomas Edison y sus casi mil intentos previos a lograr su objetivo, o en la creación de Angry Birds y sus más de 50 versiones antes de ser la serie de videojuegos que hoy conocemos.

Según Catalina Castaño, gerente de Desarrollo Organizacional de Suramericana, hoy en el mundo se está generando una cultura en torno a los aprendizajes que el fracaso genera, para que el próximo paso que dé el emprendedor sea enriquecido por esa experiencia.

“El problema no es fracasar, el problema es cuando esa situación no se vuelve una oportunidad de reflexión, sino que seguimos la línea de las sociedades que estigmatizan el fracaso. Entonces nadie quiere hablar de ello, nadie quiere contar sus malas experiencias para que le sirvan a otros”, menciona Castaño.

El fracaso en América Latina 

En la cultura latinoamericana, dice Aldo Aguirre, director regional del Programa Startup para las Américas de Techstars, es muy difícil ver el fracaso como un aprendizaje, ya que es usual que todos compartamos únicamente los grandes logros y nos avergoncemos de las dificultades.

Los casos de éxito no salen de la nada, en realidad son empresas que han aprendido que fracasar es parte del camino y que, cuando eso pasa, lo que hay que hacer es un análisis y una reflexión para entender qué fue lo que salió mal, levantarse, despolvarse y seguir adelante”.

Si bien no debe condenarse el fracaso, Aguirre puntualiza que es importante que un emprendedor tenga en mente que el objetivo siempre será triunfar y que si ese no es el caso, el aprendizaje que se obtenga no debe ser para sí mismo, sino que debe compartirse con los demás.

“No hay que glorificar el fracaso porque ese no es el objetivo, es algo que hace parte del camino. El mensaje para los emprendedores es que aprovechen el fracaso cuando se presente, porque a veces es inevitable. Además, es muy importante compartir las experiencias, porque no sirve de nada aprender grandes lecciones, pero no compartirlas por vergüenza. Si aprendemos a compartir vamos a generar más conocimiento acumulativo y hay más posibilidades de que nuestras comunidades sean más exitosas”, explica Aguirre.

Expertos como Daniel Quintero, gerente general de Innpulsa Colombia, creen que para hablar de los desaciertos de los emprendedores no es necesario referirse a la palabra “fracaso”, ya que para él cuando se experimenta, se prueba y se aprende, no se fracasa.

“Yo ya no lo llamo fracaso, yo lo llamo hipótesis de mercado. Cuando un emprendedor está intentando construir algo y está probando si es cierto o falso, tiene tropiezos en ese camino, pero tiene espíritu de investigador y mientras experimenta puede lograr grandes cosas, puede volverse millonario, pueden transformar la vida de la sociedad y elevar la calidad de vida de las personas”.

La invitación para los emprendedores es a tener siempre una mentalidad de triunfo y a ver las dificultades que se presentan como un peldaño o un escalón más, en su camino al éxito. Quizá leer a Beckett les sirva un poco.

 

Escrito por:

Carolina Angel Toro

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