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Cuando Johan se acerca a las estrellas

13 de Enero de 2016 en noticias inicio

Cuando Johan se acerca a las estrellas

 

Mientras la noche oscurece en el barrio Santo Domingo, sobrecargado de casas que cuelgan de la montaña de la Comuna 1 de Medellín, hay un niño que mira las estrellas y examina el cielo. Sus amigos gastan tiempo en las esquinas y conversan sobre chicas; Johan Stiven repasa las leyes y sus dominios sobre la bóveda celeste. Su intención no es descubrir si lloverá esta noche, va más allá. Se acuesta pensando en la luz que llega de los astros, siente una atracción por algo que no conoce.

¿Cómo es que un chico de 16 años se sustrae de lo cotidiano de su barrio, de sus necesidades no resueltas, e intenta comprender un llamado astrofísico? La historia de este muchacho, Johan Stiven Bedoya, de piel morena y ojos cafés, empieza cuando una profesora suya le presenta los fenómenos celestes y lo enamora de las estrellas lejanas.

Es un joven estudioso, disciplinado y sobresaliente. En el colegio Antonio Derka Santo Domingo, oye a los otros jóvenes planear las fiestas del fin de semana. Johan planea otras actividades: tal vez primero investigue sobre la estrella Sirio, la más brillante del universo; luego compare el tamaño de WASP-17b, el planeta extrasolar más grande que se conoce; y quizás termine su día observando el movimiento de Barnard, la estrella que se mueve un grado cada 350 años.

Una misión espacial

Se emociona con lo que aprende y por su interés, la maestra de química lo invita a ser parte del programa Horizontes de Ruta N, un proyecto que le permitiría acceder a un mundo que nunca había estudiado. “Yo no sabía qué era Ruta N. Llegué a mi casa ese día y le dije a mi mamá: ‘Ma, llegaron con un nuevo curso al colegio, dizque Horizontes, y van a escoger los mejores de física y química. La profesora Marta me eligió.’ Ella me dijo que estaba bien, que entre más estudiara, mejor.”

Junto a dos niñas interesadas también por la ciencia, comienza a asistir a las sesiones de Interchange los miércoles de 10 a 12 donde Jatzibeth la guía del programa, ella espera a los 25 jóvenes para empaparlos de conocimiento. Se pasan horas hablando sobre biología, física y química. Así aprenden en Horizontes, dejan a un lado la teoría para conocer la ciencia desde lo práctico.

Johan llega todos los días a su casa a cumplir con sus obligaciones, pero también repasa lo que nada tiene que ver con sus tareas cotidianas: le enseña a su hermana menor lo que aprende en Interchange. “Nosotros vemos todas las ramas de la ciencia, pero la que más me gusta, definitivamente, es la astrofísica. Yo le muestro las estrellas, le explico todo el espacio con imágenes astronómicas y como tienen formas y colores llamativos, a ella le gustan.”

A su papá lo ve pocas veces en el año, su otra hermana no está interesada en la ciencia, pero su madre, quien no entiende la atracción extraña de este muchacho por el espacio, es quien lo motiva a estudiar. Si en su hogar nunca nadie se interesó por estos temas, ¿de dónde sale su fascinación por la astrofísica? Johan parece tener una entrega misional.

Todos sus amigos le preguntan, “¿para qué quiere saber si una estrella está lejana?”, “¿para qué sirve reconocer un nuevo planeta en medio de su ciudad conflictiva y excluyente?” Pero él no da su brazo a torcer con su voz. Recalca que la ciudad necesita de sabios que logren desentrañar el cielo porque quizás, sabiendo lo que se mueve más allá de nuestras narices, está la historia y el futuro de la humanidad.

Por eso, siempre ha soñado con ser el mejor científico de Colombia y codearse con los mejores del mundo. Johan ve sus horizontes cada vez más amplios: quiere terminar sus estudios en el exterior y tal vez algún día llegue a ser tan talentoso como Stephen Hawking, uno de los astrofísicos más renombrados de la tierra. Sabe que su escrutinio habrá de involucrar espectros de luz y elementos químicos que lo llevarán a espacios insospechados, aún para él.

Su primer viaje al espacio

En una mañana de octubre Jatzibeth los espera con un invitado especial. “Hoy tendrán la charla con un colombiano que está en el exterior, participando del programa de investigación astrofísica en Harvard, quien también ha trabajado para la NASA." ¿Hablar con un investigador de la NASA? Johan jamás se lo había esperado. A través de la pantalla, Antonio Copete los saluda y les relata su historia de la mano de los astros. Les cuenta sobre los rayos Gamma, la energía y hasta de los mitos de vida extraterrestre; es como si hubieran viajado al espacio.

Johan queda sorprendido con su experiencia. Ve en Antonio la esperanza de encontrar nuevos horizontes en una ciencia de tan exquisito conocimiento. Días después, le envía un mensaje:

“Hola señor Antonio Copete.

Uno de mis grandes problemas es mi estudio. Tengo 16 años, estudio en la I.E. Antonio Derka, grado 10. Estoy en Ruta N, Interchange, y soy de la Comuna 1 de Medellín. Creo que soy una persona diferente a las demás de mi barrio, todos aspiran a ser algo que no requiere tanto esfuerzo, también hay muchos jóvenes que ofrecen drogas y otras cosas. Me gustaría estudiar astrofísica, me va muy bien en física y en química, mi madre me apoya en todo lo que quiera estudiar pero mis otros familiares me dicen que no, que esas cosas en Colombia no se dan, porque Colombia no necesita de la física, ni de la ciencia, y que menos se va a poder por mi estrato.

Quería que me regalaras un consejo para estudiar astrofísica, qué podría empezar a estudiar, cómo ir avanzando. Sé que todo se puede con disciplina pero no sé cómo empezar.

¡GRACIAS!
ME GUSTARÍA TU RESPUESTA.”

Antonio se impresiona con esas palabras, ¿por qué ha de sentir un cariño especial por un chico al que no conoce? Sabe que este joven es diferente, que no sigue los estereotipos de los niños de su edad y en cierta medida, se identifica con él.

Tiempo después, Johan recibe un correo electrónico. Es Copete. Después de agradecerle por su atención en la charla, lo motiva a seguir estudiando. Le dice que personas como él son el futuro del país, que la disciplina y el esfuerzo lo pueden llevar muy lejos, como a él, quien desde Colombia no recibió apoyo porque “no tenía futuro en el exterior” y han de verlo en este momento. Le comparte su mensaje a un amigo colombiano de Harvard y éste le deja una reflexión:

“Yo le diría que personas como él han hecho que este mundo cambie. Personas como él fueron los que descubrieron que el mundo giraba alrededor del Sol y no al revés. Personas como él descubrieron que existían la gravedad, las células, el átomo, las galaxias, la relatividad... Personas como él le dan a este mundo la oportunidad de soñar que podemos ser mejores aunque toda la gente alrededor diga que no se puede. Personas como él son las que MÁS necesitamos en Colombia. Personas berracas que pueden cambiar el statu quo y llevarnos hacia un camino de paz y prosperidad”.

Se alinean los astros

En el 2015, Johan participa de Círculos Horizontes, un proyecto que busca fortalecer la alianza entre el Estado, universidades y empresas, con retos de ingeniería e innovación que resuelven docentes y jóvenes, que como Johan, tienen espíritu inquieto y permiten volar en sus metas hasta lograr lo que desean. “En este curso, trabajar en equipo me ha enseñado que el respeto por las diferentes ideas es lo que nos fortalece para producir cosas nuevas, para salir de lo rutinario”, afirma este joven intranquilo por adquirir conocimientos, pues su mayor hobbie es aprender.

Este año, en Círculos Horizontes, no va a hacer observaciones estelares, reemplazará el telescopio por fotoceldas y boards, pues tiene un desafío que descifrar, propuesto por la Universidad de Antioquia, el cual busca averiguar cuánto tiempo permanece una partícula de luz en una ventana.

Pero su recorrido astronómico no ha acabado. En octubre, Antonio vuelve a contactarlo, por medio de Alejando Roldán, profesional de Ruta N, y lo hacen merecedor de asistir a los Clubes de Ciencia en Astrofísica que se realizan en El Retiro, Antioquia: un sueño que solo logran unos pocos privilegiados. Sin pensarlo, Johan acepta y de nuevo les manda un correo a quienes lo acercan cada vez más a las estrellas.

“Cordial saludo.

Antes que nada, le doy gracias a Dios por permitirme conocer personas tan talentosas que son una motivación para continuar formándome cada día, luchando cada vez más fuerte por mis sueños. Estoy feliz de poder hablar con el señor Antonio, es mi mayor ejemplo a seguir.

Claro que quiero participar, es una de las mejores oportunidades que no puedo desaprovechar.

Saludos y muchas gracias por sus invitaciones.”

Este joven, aprovecha estos espacios para practicar lo que más le gusta: la luz, las galaxias, la gravedad y las nebulosas. Antonio se compromete a hacer un papel de facilitador del proyecto de Johan, le consigue transporte, alimentación y recursos necesarios para que pueda participar y aprender sobre la astrofísica estelar y de las observaciones en infrarrojo. Cada oportunidad que se le presenta es una estrella fugaz que debe atrapar.

Después de esta experiencia, se presenta a las Olimpiadas Colombianas de Astronomía, estudia la media técnica de Software, y participa del grupo en investigación Julio Garavito. Sigue abriendo puertas para su futuro y, ¿quién más que Antonio Copete para ser el motor de su inspiración?

Johan Stiven confirma que su vida girará alrededor de la ciencia. Se presenta a la Universidad de Antioquia para estudiar Astronomía, y como segunda opción, tiene Ingeniería Industrial, en la Universidad de Medellín. Pondrá su empeño para pertenecer al grupo de los mejores investigadores a nivel mundial, ya sea observando los cuerpos celestes o creando los artefactos para hacerlo.

Su nuevo amigo, el doctor Copete, se siente orgulloso por haber hecho parte del sueño de un joven que mira al cielo con unas preguntas más profundas que las que hacemos los simples mortales. Su historia de vida es un ejemplo para tantos, y un estímulo para los que desean ser algo más que seres que miran al cielo solo con la intención de descubrir si esta noche lloverá.

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