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Con palabras y píxeles, Colombia suma lectores

14 de Septiembre de 2016 en noticias inicio

Con palabras y píxeles, Colombia suma lectores

 

Los colombianos leemos dos libros al año, menos de la mitad de nuestros vecinos latinoamericanos y prácticamente nada si nos comparamos con los nórdicos, que llegan a los 20 títulos anuales.

Pero no todo es malo. La última encuesta de consumo de cultura del DANE realizada en 2014 muestra que aunque apenas el 48 por ciento de los colombianos mayores de 12 años leyeron libros, el 80 por ciento leyó algo, en algún formato o soporte, impreso o digital. Esto habla de nuevos comportamientos y consumos de cultura que, de acuerdo a Bernardo Jaramillo, del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlarlc), no se evidencian en los índices de lectura tradicionales que nos dejan tan mal parados.

Y es que mientras que en el país el número de lectores ha venido cayendo (en 2007 era del 53,8 por ciento del total de colombianos mientras que en 2014 era del 48 por ciento), el acceso a Internet ha aumentado significativamente, del 11 por ciento de la población en 2005 al 52 en 2013, según datos del Banco Mundial.

Para la editora Catalina Holguín, esto abre un universo de posibilidades no solamente en cuanto a nuevas maneras de contar historias, sino en cuanto a acceso a poblaciones a las que es difícil llegar con títulos impresos y desde Manuvo trabaja por ayudar a museos, bibliotecas y editoriales de América Latina a dar el salto hacia lo digital.

 

Historias transmedia, multimodales e interactivas

Novelas experimentales con tramas bifurcadas, videojuegos narrativos, libros interactivos y periodismo digital en el que se unen el relato escrito con el audiovisual son algunos de los formatos que hoy marcan en contenidos en los que el texto entra a ser un elemento más de los muchos disponibles para enriquecer la experiencia lectora.

De esta manera, una novela experimental puede presentarse en una app en la que el lector toma decisiones y modifica la trama de acuerdo a sus interacciones, un libro impreso para niños puede incluir una versión digital que conversa con las páginas físicas y presenta contenido adicional en forma de ilustraciones animadas o, si hablamos de textos informativos, la editorial puede hacer el contenido disponible para comprar y descargar por capítulos.

Para Iván Correa, de la editorial eTextos, un lector digital es, primero, un lector, y allí la herencia cultural impone un gran sesgo hacia el impreso. “El hecho de que la gente no lea en digital está causado por un prejuicio que dice que hay que leer en papel. Nosotros hemos estado en Bogotá y, a pesar de que un título vale 50.000 pesos impreso y 20.000 pesos en digital, la mayoría de personas se lleva el impreso, sabiendo que probablemente lo va a leer una sola vez”.

Pero ese sesgo probablemente desaparecerá a medida que las nuevas generaciones, los llamados nativos digitales, se sumen al club de lectores. Un territorio cada vez más conectado a Internet, teléfonos móviles accesibles, colegios con infraestructura TIC y talento creativo: poco a poco, las piezas del rompecabezas van cayendo en su sitio para que Colombia aumente la oferta y demanda de contenidos que educan, entretienen y abren la mente a universos enteros creados desde cero.

Escrito por:

camilaarist

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