
Hace pocos días falleció en el hospital escocés de Raigmore a la edad de 84 años, John Shepherd-Barron, el hombre que inventó el cajero automático. Conozca la historia de un invento que cambió el manejo del dinero en el mundo.
En el caluroso verano de 1967 el norte de la ciudad de Londres rompió su monotonía con la algarabía de un grupo de británicos que celebraban el tener un puñado de libras esterlinas en la mano. Salvo que a algún mecenas le hubiera dado por abrir la ventana de su Rolls-Royce para botar billetes por doquier, la escena resultaba por demás curiosa: la gente se acercaba a una pared y de allí le “brotaba” plata.
Curiosamente fue el comediante británico Reg Varney el que tuvo el honor de ser el primero en retirar dinero del primer cajero automático que instaló el Barclays Bank. Teniendo en cuenta la profesión del elegido para debutar como “retirador” de dinero de cajeros, a Varney mucha gente no le creyó la veracidad de su acción. Es como si hoy escogieran a Mister Bean o al desaparecido Benny Hill para inaugurar el primer viaje espacial británico. Pero así son los rígidos ingleses, un cómico fue el primero que retiró plata de un cajero y le dio inicio a una era que transformó el mundo de la banca. Empezaba el concepto de tener la plata disponible las 24 horas del día.
HISTORIA DE UNA IDEA INNOVADORA
A John Shepherd-Barron, quién nació en la India en 1927 pero sin duda es más escocés que el whiskey, su invento no le dejó una gran fortuna. En el año 2005 la Reina Isabel II lo condecoró por sus aportes a la banca. El intangible de llevarse a la tumba los honores de ser el creador de un invento revolucionario para la humanidad, es el mejor premio que tuvo el viejo Shepherd-Barron.
En el 2007, en una de las pocas entrevistas que le dio a un medio de comunicación, el ex impresor de billetes de banco de De La Rue le contó a la BBC que la idea de tener plata en cualquier momento del día o de la noche le llegó por la frustración que sintió cuando llegó un minuto tarde a la sucursal de un banco, lo encontró cerrado y se quedó sin una moneda por el resto del fin de semana.
"Pensé que tenía que haber una forma de poder acceder a mi dinero a cualquier hora y en cualquier parte del Reino Unido o del mundo. Y se me ocurrió la idea de crear una máquina parecida a los dispensadores automáticos de golosinas, que entregara efectivo en lugar de chocolates", recordó John Shepherd-Barron en su diálogo con la BBC. Incluso fue más allá y confesó que la idea del símil con la máquina de chocolates se le vino a la cabeza mientras que estaba en el baño.
ASÍ FUNCIONABA EL PRIMER CAJERO
En 1967 las tarjetas de plástico no existían. A los clientes del Barclays Bank les entregaban una especie de cheque que venía revestido de carbono 14. Lo introducían dentro de la máquina, tecleaban cuatro dígitos (cosa que no ha cambiado), y en poco tiempo el cajero les entregaba la suma de dinero que no podía superar las 10 libras esterlinas. Los cheques tenían que introducirse en la máquina con sumo cuidado ya que el papel era débil y con facilidad se rompía, se doblaba o quedaba atorado en el cajero.
Sobre el porqué eligió utilizar una clave secreta de cuatro dígitos, John Shepherd-Barron le dijo a la BBC lo siguiente: "Estábamos en la mesa de la cocina y mi esposa dijo que lo más que podía recordar serían cuatro dígitos".
El cajero nació con dos nombres: ATM por sus iniciales en inglés Automated Teller Machine o DAC por De La Rue Automatic Cash System, la empresa en la que trabajó su inventor.
Otra anécdota curiosa que se cuenta en la entrevista con la BBC es la que habla de la envidia que generó este invento en los norteamericanos. Según Shepherd-Barron, los bancos de Estados Unidos consideraron su idea como otro absurdo de los europeos que no se podría vender en los Estados Unidos. Hoy, ese país cuenta con una de las más grandes poblaciones de cajeros del planeta.
EL CAMINO INNOVADOR DEL CAJERO AUTOMÁTICO
Cambiar una filosofía tradicional del manejo del dinero y de la relación con los bancos en el mundo, en el que había que ajustarse a un horario establecido, por una ideología de “puertas abiertas” 24 horas al día, los siete días de la semana, cambió la forma de manejar el dinero de millones de personas en el orbe.
Según la enciclopedia virtual Wikipedia: “Se pueden encontrar cajeros automáticos desde la estación antártica de McMurdo, en su punto más austral, hasta el pueblo de Longyearbven, en Noruega, el punto más al norte del planeta”. A pesar de todo esto, el camino innovador de este invento es largo y se sigue recorriendo.
Mientras que en 1981 se conoció el primer dispensador de dinero con pantalla a color, en 1991 se empezaron a comprar tiquetes para diferentes espectáculos a través de un cajero automático. En 1995 debutaron con un gran impacto las pantallas táctiles y hoy, en 2010, se puede hacer cualquier tipo de transacción desde uno de los 1.8 millones de cajeros automáticos que hay instalados en el planeta. Incluso en el hotel Emirates Palace de Abu Dhabi, en los Emiratos Árabes Unidos, se acaba de inaugurar el primer cajero que dispensa oro. La máquina, que controla el precio del oro minuto a minuto, da pequeñas barras de un peso de hasta 10 gramos grabadas con el logotipo de Emirates Palace, así como una variedad de monedas.
Pero no todo ha sido éxito. La seguridad se ha convertido en el gran obstáculo a vencer por parte de los fabricantes que han seguido el legado de Shepherd-Barron. Tarjetas con chip para evitar falsificaciones, cámaras de última tecnología para identificar a los ladrones dentro de los dispensadores y todo un arsenal de herramientas son el batallón que trata de frenar a los vándalos de los cajeros.
Lo cierto es que hoy el cajero automático hace parte de la vida cotidiana del ser humano. Este invento hoy quedó huérfano con la partida de un innovador absoluto y un gran visionario como lo fue John Shepherd-Barron, pero a diario cuenta con miles de padrinos que cada segundo, en algún lugar del mundo, abren una de sus puertas para sacar dinero.