Aviso

COMPILATION SCSS REUSSIE
sur demande expresse de forcage
/var/www/vhosts/rutanmedellin.org/httpdocs/templates/yoo_luna/scss/correccionesm.scss

COMPILATION SCSS REUSSIE
sur demande expresse de forcage
/var/www/vhosts/rutanmedellin.org/httpdocs/templates/yoo_luna/scss/custom.scss

Evolución empresarial y diferenciación

1 de Abril de 2017 en Opinión, noticias inicio

Evolución empresarial y diferenciación

Por: Juan Fernando Estrada - Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Las dificultades que enfrentan las empresas para mantener su permanencia en el mercado se debe, en gran medida, a la baja capacidad de reacción ante los cambios que marcan el ciclo de vida de los productos. Las economías que se enfocan en proteger negocios tradicionales, caracterizadas por una oferta basada en el precio, se enfrentan a un potencial estancamiento que generan diferencias sociales y afectan la generación de riqueza.

Para sortear efectivamente las condiciones desfavorables, es necesario fomentar la creación de empresas competitivas, capaces de enfrentar la globalización y liderar esfuerzos que promoverán la sostenibilidad y naturalmente el crecimiento con una marcada diferenciación en el mercado.

El artículo GCI 2016-2017: The context plantea que el reducido crecimiento en la productividad y la desigualdad en los ingresos es resultado de las escasas oportunidades en un mercado agresivo y altamente competido, afectando las condiciones sociales y ambientales a nivel mundial, incluso en los países más desarrollados. Así mismo, establece posibles alternativas que permiten cerrar brechas para promover negocios basados en nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, biotecnología, internet de las cosas, impresión 3D, entre otras. Estas ofrecen oportunidades de crecimiento y desarrollo que pueden resolver grandes retos sociales.

Está claro que se deben generar condiciones favorables que fomenten el desarrollo de negocios basados en el conocimiento, con políticas estables que defiendan la innovación y la libre competencia, y fundamentadas en acuerdos comerciales que busquen el beneficio común.

La apertura comercial exige renovar la concepción de competitividad empresarial, capaz de fomentar la sostenibilidad y la responsabilidad social, bajo los principios de colaboratividad y beneficio común. Aunque esta perspectiva ha sido tema de discusión en diferentes momentos y por numerosos autores, tal es el caso del libro publicado por Andrea Tornelli y Giacomo Galeazzi(1).

En ese mismo orden de ideas, Peter Drucker plantea en una de sus más reconocidas frases: “el propósito de un negocio es crear un cliente. La empresa tiene dos y solo dos funciones básicas: mercadeo e innovación. Mercadeo e innovación producen resultados, todas las demás funciones producen costos”. Para lograr ese propósito, las empresas deben tener un amplio conocimiento, con el mayor nivel de detalle, de las características y preferencias del cliente, para definir sus principales gustos, expectativas y necesidades. Conocimiento que, en última instancia, se convierte en la base fundamental para crear productos que generan valor y resuelven las necesidades del mercado, con alto niveles de diferenciación tangibles para el usuario.

Bajo este escenario, es relevante enfatizar en el producto como elemento fundamental para la creación de un negocio, y por lo tanto es necesario acotar su significado:

“El producto es el resultado de un esfuerzo creador que tiene un conjunto de atributos tangibles e intangibles (tales como: empaque, color, calidad, marca, experiencia, etc), los cuales son percibidos por sus compradores (reales y potenciales) como capaces de satisfacer sus necesidades o deseos”(2). Por lo tanto, el producto está compuesto por un bien y un servicio, que en conjunto ofrece valor al cliente. Es común hablar de bienes y servicios; aunque, todo bien –tangible– exige un servicio –intangible– y viceversa; haciéndolos inseparables y complementarios.

Cerrando esta breve aclaración, la pregunta a resolver es: ¿qué define la sostenibilidad de una empresa?

Para muchos la respuesta descansa sobre tres condiciones que tiene una relación directa con la consolidación y crecimiento de un negocio:

  • Los productos que produce y comercializa
  • Los clientes que pagan por el producto
  • Las utilidades generadas

Warren Buffet dijo: “el precio es lo que pagas y el valor es lo que obtienes”, así que se podría afirmar que las empresas sostenibles son aquellas capaces de generar valor en el tiempo y adaptar rápidamente su oferta a las condiciones cambiantes del mercado y su entorno. Son empresas con la suficiente creatividad para reinventarse continuamente, con la firme determinación de permanecer fieles a su propia identidad, apostando por mantener la especialidad que las define y caracteriza.

La capacidad creativa deberá estar conformada por un equipo de trabajo inquieto y talentoso, que a partir de un ejercicio intelectual que genera un nuevo conocimiento, le permite innovar para crear nuevos productos con suficiente valor, tanto para la empresa como para el mercado que atienden o buscan atender.

Por lo tanto, la innovación es el medio que permite desarrollar productos con un alto nivel de diferenciación en el mercado, facilitando la evolución de las empresas para alcanzar una competitividad sostenible en el tiempo.

Las empresas capaces de aprovechar este conocimiento evolucionan sistemáticamente y de esta forma, sobresalen al consolidar un “diseño dominante”: atributo que permite elegir, con certeza, el propósito correcto sin la necesidad de imitar comportamientos inducidos por convencionalismos, con un enfoque genuinamente humano que garantiza el respeto por la satisfacción del cliente.

La principal virtud de estas empresas será comprender que están conformadas por personas que atienden personas, en un entramado humano de necesidades, sueños y dificultades que, al tiempo, exigen un trato cercano y afectivo. Evidentemente el mercado, más que una estadística valorada por la oportunidad de generar riqueza, debe ser entendido como una comunidad de personas que buscan elegir libremente la mejor oferta que satisfaga sus necesidades.

En el sentido amplio, deben ser empresas más humanas desde lo esencial, que van más allá de la competitividad y la sostenibilidad porque adoptan un principio operativo capaz de transformarse en empresas con valor y, por lo tanto, basadas en una diferenciación natural que sobresale por la obsesión de evolucionar, firmes en el propósito de garantizar la completa satisfacción de sus clientes.

Este tipo de empresas “con valor" sobresalen por la calidad de sus productos y la capacidad de trascender en una relación de confianza que promueve un intercambio mutuamente beneficioso, que aporta al crecimiento individual y, adicionalmente, beneficia la evolución del sector o industria.

El “intercambio mutuamente beneficioso”, del que habla Samuel Gregg, permite proponer un nuevo concepto, competitividad empresarial colaborativa, como factor clave que favorece la transferencia de conocimiento, enriquece las capacidades de las empresas que se integran en el proceso, y promueve el desarrollo económico y la equidad social en un mercado globalizado. Es un círculo virtuoso que beneficia la innovación en sus diferentes fases, según el esfuerzo intelectual y la disposición de atender los nuevos retos tecnológicos.

En conclusión, la evolución empresarial y la diferenciación basada en el beneficio común deben ser los principios fundamentales para mejorar las condiciones económicas que incentiven el crecimiento en la inversión, incrementen los acuerdos comerciales y promuevan la equidad social. Sin embargo, es necesario integrar en esta fórmula la innovación de base tecnológica, como instrumento flexible que potencie en las empresas la intención de reinventar y reinventarse continuamente, con la firme convicción de que la técnica deberá permanecer al servicio del ser humano y del medio ambiente.

Notas al pie:

1. Papa Francisco: ESTA ECONOMÍA MATA, Tornelli, Andrea – Galeazzi, Giacomo, Ediciones Palabra, Madrid, 2015, p 109. “Nuestra tarea – añadió Francisco – consiste en volver a proponer, en el actual contexto internacional, a la persona y a la dignidad humana no como simples reclamos, sino como auténticos pilares sobre los que construir reglas compartidas y estructuras que, superando el pragmatismo o el mero dato técnico, sean capaces de eliminar las divisiones y de llenar los vacíos existentes”.
2. Definición de producto según Stanton, Etzel y Walker; autores del libro “Fundamentos de marketing”.

Sobre el autor:

 

 Juan Fernando Estrada es ingeniero electricista de la Universidad Pontificia Bolivariana y especialista en Finanzas de la Universidad Eafit. Desde 2011 se desempeña como profesional de Negocios del Conocimiento de Ruta N.  

Ingrese a Ruta N