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17/06/2011
Por: Andrés Montoya Isaza
“todos estamos en las alcantarillas, pero
algunos miramos a las estrellas” Oscar Wilde
Hace unos años Medellín viene reescribiendo su historia, donde los protagonistas, entre otros, son la educación, la participación ciudadana, el emprendimiento, la infancia, y ahora la innovación.
Hace cerca de dos años con un grupo de colegas y con la orientación de la Alcaldía de Medellín nos propusimos cristalizar un proyecto que para entonces se llamaba la Manzana del Emprendimiento. Hoy es una de las principales apuestas en Colombia para promocionar la Innovación como mecanismo de desarrollo socioeconómico de la ciudad y la región, lo que en el mediano y largo plazo se deberá traducir en más y mejores empleos, más exportaciones, nuevos mercados, mayor base empresarial.
En el Plan de Desarrollo se preveían inversiones para está línea del orden de los 65.000 millones durante el cuatrienio y gracias a la vinculación de EPM y UNE la inversión será de unos 135.000 millones.
Cuando hacíamos las proyecciones iniciales nos proponíamos que a la vuelta de unos cuatro años tendríamos una empresa de talla global instalada en la ciudad. Gracias al trabajo concertado de instituciones nacionales y locales, se logró la vinculación de la multinacional Hewlett Packard a la ciudad y sus oficinas estarán en el Complejo Ruta N.
Una de las principales apuestas que estamos haciendo es desarrollar la industria de entretenimiento digital, especialmente en animación y videojuegos. Con Proantioquia y 12 universidades constituimos una mesa de talento humano para desarrollar los cursos de formación profesional y técnica necesarios para contar con el talento humano. Así mismo logramos traer un estudio canadiense, Pipeline Studios, que produce para canales como Disney y Nickelodeon. Pipeline inició su estudio hace un año con 15 puestos de trabajo y hoy cuenta con 30.
Creemos firmemente en la ciencia y en la tecnología como motores para la creación de nuevos negocios.
Recientemente iniciamos el programa “nRuta” que busca llevar proyectos con alto contenido científico a los mercados globales. Es impactante la forma como estos equipos, principalmente científicos, han abierto su mirada y tengo altas esperanzas de que pronto tendremos negocios andando en torno a la generación de energía a través de la biotecnología, pruebas diagnósticas para enfermedades biotropicales, diseños de implantes craneales a la medida, encimas orgánicas para mejores alimentos y diseño de alimentos funcionales.
El mes pasado lanzamos el Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación 2011-2021, el cual marcará la hoja de ruta de la ciudad y la región y se convierte en un documento que muestra una visión compartida de ciudad. Este plan cuenta con una cartera de proyectos orientados a cerrar las brechas tecnológicas y competitivas, así como una apuesta en negocios emergentes en los cuales tenemos oportunidades de participar en un contexto global y tecnológico. Por eso, para convertirlo en una apuesta de ciudad próximamente se le presentará al Concejo un proyecto para institucionalizarlo.
Son muchos los retos que quedan por delante, son muchas las “estrellas” que tenemos por mirar y alcanzar. La educación, la ciencia, la tecnología, la innovación y el emprendimiento deben continuar siendo motores del desarrollo. Debemos lograr mantener los compromisos de inversión y apoyo púbico a la innovación. Finalmente, Es clave que sepamos articularnos y trabajar en torno a una visión compartida, donde aunemos esfuerzos y empujemos para el mismo lado; así, veo una ciudad con instituciones más fuertes y grandes trabajando por proyectos de alto impacto.
Son muchas las personas e instituciones que han venido trabajando en la construcción de esta ciudad del conocimiento. Por eso, aunque en los próximos días estaré iniciando una etapa de estudios en el exterior, me despido con un fuerte sentimiento de gratitud con todas ellas. Pueden contar con que estaré mirando las estrellas y con que llevo la conciencia de que las únicas batallas perdidas son las que no se intentan.
23/11/2010Por: Andrés Montoya Isaza
Recientemente estuvimos con un grupo de rectores antioqueños en una misión, patrocinada y organizada por la Alcaldía de Medellín y Comfama, en Florianópolis, la capital del estado de Santa Catarina en el sur del Brasil.
Estos viajes sirven para observar lo propio desde distintas perspectivas, para reflexionar, para relacionarse con cercanos y lejanos, y sobre todo para abrir los ojos y la mente, pues desafortunadamente con la cotidianidad ciertas posturas se van fijando y al fijarse se oxidan.
Florianópolis tiene mucho para enseñarnos. Una ciudad de unos 400.000 habitantes, con el mayor índice de calidad de vida del Brasil, que ha logrado construir una economía basada en el conocimiento. Gran parte de sus logros se dan por una visión y un trabajo compartidos de largo plazo de sus líderes, y por una universidad, la Universidad Federal de Santa Catarina, que se la ha jugado por la incorporación del conocimiento a la industria. De la relación universidad, empresa, Estado nació otra institución clave, la Fundación CERTI, una especie de centro de desarrollo tecnológico y centro de pensamiento, con altas capacidades de liderazgo, responsable de la creación de parques tecnológicos, incubadoras, tecnologías de punta, entre otros proyectos importantes.
Al observar la Fundación CERTI y otros ejemplos brasileños, me queda una verdad de Perogrullo: la mayor parte de iniciativas tienen el sello de “lo más grande del mundo”, pues cuentan con instituciones fuertes capaces de emprender grandes empresas. Aterrizando la reflexión a nuestro sistema regional de Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI), siento que estamos en el momento preciso para adelantar discusiones y acciones en torno a nuestras instituciones. Parto de las siguientes premisas: i) tengo el mayor de los respetos y admiración por las instituciones que han venido trabajando de tiempo atrás la CTI, ii) creo profundamente en la necesidad de contar con instituciones fuertes que aprovechen economías de escala y alcance, y iii) el mercado de los negocios en torno al conocimiento es gigante y está por explorar.
Así, me atrevo a proponer (mejor dicho, a refrescar el debate) sumas que den resultados cuánticos para nuestro desarrollo de la CTI. (Los beneficios de estas dos sumas darían para un par de artículos más).
La primera suma es CTA + TECNNOVA. Juntas, además de las líneas en las que hoy trabajan, podrían desarrollar un gran mercado de consultoría tecnológica y de innovación, no solo en Medellín sino en Colombia y en el exterior. Es un negocio que aún está por desarrollar, ya que Colombia no cuenta con los suficientes consultores especializados en estos temas.
La segunda suma es EAFIT + EIA + CES. Mucho se ha hablado de la unión de estas tres excelentes universidades, pero aún no se han visto acciones concretas. Antioquia necesita una gran universidad privada que se pueda codear con las principales universidades –al menos– latinoamericanas. En una economía del conocimiento hay muchas oportunidades de crecimiento para el negocio de la educación.
Tengo la seguridad de que estas dos sumas, al ser cuánticas, en vez de suprimir cargos van a necesitar más gente, así que no hay razón para que las decisiones se atasquen en ciertos “mandos”. Es mucho lo que podemos ganar como sociedad con instituciones grandes y fuertes. Debemos hacer un llamado a los representantes de dichas instituciones a que sigan explorando estas posibilidades. 09/11/2010
Por. Andrés Montoya Izasa
A medida que el hombre se ha hecho más civilizado, se ha hecho menos capaz de entretenerse a sí mismo. Nuestros ancestros se entretenían conversando, contando historias. Algún “Homero” cambió comida por historias o cantos, y allí nació el negocio del entretenimiento. Con la invención de la imprenta, este se convirtió en industria. El entretenimiento ha remplazado a su mayor rival en la cuestión del manejo de las emociones, la religión. El entretenimiento es ya el opio de los pueblos.
Se estima que para el año 2012 esta industria va a facturar alrededor de 2.2 trillones de dólares; tan solo la India ha experimentado crecimientos anuales del 27%. Con una pequeña porción que tomemos de esa gran torta, podremos tener gran industria nacional.
El entretenimiento digital tiene varios atractivos desde el punto de vista de la competitividad. Primero, es intensivo en talento humano, emplea gente de distintas profesiones (diseñadores, artistas, ingenieros, administradores) que van desde autodidactas hasta PHd. Segundo, en cuanto a infraestructura, no requiere de grandes inversiones iniciales como otras industrias (e.g. minería), ni de carreteras ni de puertos; sus necesidades físicas son básicamente talento humano, hardware, software e Internet. Tercero, es una industria con rendimientos tempranos y crecientes, es decir, tiene la virtud de generar empleo calificado y negocios rentables en el corto y mediano plazo.
Es por lo anterior que desde Ruta N hemos decidido invertirle buena parte de nuestro trabajo a la promoción de esta industria. Para ello estamos trabajando en varios frentes: la construcción de una hoja de ruta, el fortalecimiento empresarial a los empresarios locales, el desarrollo de una mesa de formación con instituciones educativas, la realización de talleres y la incorporación de agentes aceleradores para el desarrollo de la industria.

El primer acelerador que hemos logrado es la llegada a Medellín de la empresa canadiense Pipeline Studios (PSI), quienes cuentan entre su portafolio con producciones internacionales como los Backyardigans, y estarán desarrollando en la ciudad parte de la producción “Las aventuras de Chuck y sus amigos” que se presentará en las pantallas de más de 60 millones de hogares en el mundo!
Lograr tener una industria de entretenimiento digital requerirá de muchos esfuerzos, paciencia y estrategia. Lo primero es que debemos pensar y actuar más allá de los intereses particulares y trabajar en una visión compartida de industria. Lo segundo es que debemos pensar en grande, tendremos realmente una industria el día que tengamos algunos miles de animadores trabajando y estemos exportando servicios por algunos cientos de millones de dólares. Lo tercero es que este reto solo se logrará con el trabajo en equipo de los distintos actores empresariales, académicos y públicos. Desde Ruta N tenemos toda la disposición, y así, necesitamos una academia formando los distintos talentos, unos empresarios invirtiendo y desarrollando empresas y un gobierno con políticas y programas que ayuden a catalizar tal propósito.
Y el propósito es que tengamos muchos Homeros creando historias, entreteniendo a la humanidad y generando mucha riqueza para nuestro país (mordiendo parte de esa torta global).
Me despido dándoles una calurosa bienvenida a los amigos de Pipeline, pues su llegada a Medellín marca uno de los primeros hitos en la construcción de una economía del conocimiento. También agradezco la vinculación del Instituto Tecnológico Pascual Bravo a esta iniciativa, espero que muy pronto estén sacando al mercado los talentos que necesita la industria del entretenimiento digital.

28/09/2010
Por: Andrés Montoya
Acaba de concluir la Sexta Rueda de Negocios Tecnnova y lo que viene sucediendo allí tiene un impacto importante en el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación para nuestro país.
Tecnnova nació en el seno del Comité Universidad Empresa Estado de Antioquia (CUEE), y fue una de las primeras materializaciones del CUEE que transcendió las usuales reuniones mensuales. Nació con el propósito superior de conectar la academia con la industria, para lo cual utilizó como primer vehículo la comercialización de las capacidades de investigación de las universidades.
Con esa compleja tarea surge la Rueda de Negocios, ya con seis versiones. Es un gran logro, primero por la perseverancia y tesón que le ha puesto Tecnnova en su organización y promoción, y adicionalmente por el compromiso de las universidades y empresas de participar en la Rueda.
En esta última versión estuve muy atento, observando detenidamente lo que sucedía, conversando con la gente y captando sus apreciaciones. En el acto inaugural, con unas 600 personas casi todas presentes durante las cuatro horas de discursos y conferencias, se sentía muy bien el ambiente. Así mismo, mis compañeros de mesa susurraban lo bien que estaba saliendo el evento, y ya estaban dando ideas para la próxima edición..
En la tarde recorrí la Rueda y tuve la oportunidad de conversar con varios asistentes. Observé caras sonrientes, mucho entusiasmo y ganas de hacer negocios. Me explicaban que en la Rueda generalmente se da el primer paso, el contacto, luego siguen las conversaciones entre las universidades y las empresas para concretar los proyectos.
Quiero resaltar la presentación que hizo Juan F. Granada de Corbic. Más allá de las diapositivas que presentó (ver: http://www.tecnnova.org/cdassets/Tecnnova_Final_Corbic.pdf) fueron la pasión y la fuerza con las que nos trajo sus mensajes las que impresionaron al público, se nota que ha sido ese el espíritu que les ha permitido llevar a Corbic y a su I+D cardio-neuro vascular a donde están los mejores. Juan cerró su presentación con una frase de Mandela: “Después de escalar una montaña muy alta, descubrimos que hay muchas otras montañas por escalar”… ¡y así es!
Al ver todo esto, empecé a reflexionar sobre esa idea de que los académicos se quejan de los empresarios y viceversa: es que no nos entienden, es que tienen ritmos distintos, es que no conocen mis necesidades y limitaciones, etc. Sí, aparentemente los unos y los otros hacen parte de dos polos distintos, y si es así, es prioritario que esos dos polos se unan para lograr ciencia que resuelva problemas de la sociedad, ergo, de los empresarios. Y vi que las ruedas de negocios son entonces un mecanismo oportuno y necesario para ir tejiendo la conexión entre esos dos polos.
Para finalizar quiero referirme a Tecnnova. Es admirable que una institución que arrancó con los aportes de unas universidades y una tarea algo compleja, haya logrado mantenerse y proyectarse sin sacar la ponchera, sino con el tesón de buscar negocios y ampliar sus servicios. Obviamente, como muchas de las organizaciones de nuestra sociedad, irá llegando el momento en el que nos debemos repensar y reinventar. 17/09/2010
Por: Andrés Montoya Isaza
El jueves pasado recibí una llamada de un periodista de El Colombiano que me preguntó mi opinión sobre el resultado de Colombia en el Índice Global de Competividad 2010 (IGC). De manera un poco rápida respondí según lo leído ese día en la prensa, pero me quedé inquieto con las preguntas que me hizo.
Lo primero fue entender un poco qué está midiendo el índice. En la página del Foro Económico Mundial se encuentran el reporte y la metodología de cálculo. Según el Foro Económico Mundial (WEF), competitividad es el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan el nivel de productividad de un país, y el nivel de productividad, a su vez, determina el nivel sostenible de prosperidad que puede ganar una economía.
En la siguiente pirámide muestro, grosso modo, mi entendimiento del Índice

Cada país hace parte de una de las tres clasificaciones (economía basada en recursos, eficiencia o innovación). Adicionalmente, dentro de cada categoría hay unos pilares de competitividad, doce en total. Dependiendo del tipo de economía, los pilares tienen unos pesos distintos a la hora de calificar. Por ejemplo, para las economías basadas en eficiencia, los pilares de “recursos – requerimientos básicos” pesan un 40%, los pilares de “eficiencia” un 50% y los pilares de “innovación” van con un 10%.
Colombia se ubica en el rango de las economías basadas en la eficiencia, es decir, las que tienen unos procesos productivos más eficientes y mayor calidad en sus productos. Se entiende que estas economías ya pasaron el estadio de las economías basadas en los recursos y consecuentemente enfrentan otro tipo de retos.
Paradójicamente, Colombia salió mal calificada en los pilares que se supone que ya deberíamos tener superados, los relativos a las economías basadas en los recursos, donde ocupamos el puesto 78. Las peores notas fueron producto de verdades de puño como: la ética y corrupción en instituciones públicas (106); influencia indebida (92); exceso de regulación, entendida principalmente por el enredo de nuestro marco tributario (124); los dos problemas permanentes, seguridad (138) e infraestructura de transporte (101), y finalmente en educación básica ocupamos un triste puesto 94.
En economía de eficiencia ocupamos el 60, donde llamo la atención sobre calidad en la educación en matemáticas y ciencia (93), el acceso a Internet en las escuelas (88), la tasa impositiva a las ventas (130), las barreras al comercio internacional (134), los costos arancelarios (101), la disponibilidad de tecnologías de punta (87) y la absorción tecnológica de las firmas (85).
En los factores relativos a la economía de innovación ocupamos el puesto 61, donde resalto: calidad de las instituciones de investigación científica (81), inversión privada en I+D (79), disponibilidad de científicos e ingenieros (86), y en patentes ocupamos un 77.
La reflexión que le hacía al periodista, y en la cual me sostengo después de leer parte del informe, es que tenemos una inmensa oportunidad para ser más competitivos a través de la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación.
Siento que como sociedad estamos un poco embotados con los temas de siempre: la corrupción, las carreteras y la seguridad. Tan saturados, que la creatividad colectiva puede estar cansada y nos alejamos de otro tipo de soluciones posibles.
Mi propuesta es que usemos una buena parte de esa energía colectiva para crecer y ser más competitivos con la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación. Educación desde la base, desde los principios y valores, reforzando el bilingüismo, las ciencias y las matemáticas, llegando a excelentes niveles de posgrado. Con una sociedad más educada, con seguridad se generarán procesos de cambio cultural que nos lleven a todos a un actuar impecable (sin corrupción).
Así mismo, con más gente trabajando en las industrias del conocimiento, es decir, usando la ciencia, la tecnología y la innovación en sus procesos productivos, buena parte de las exportaciones se harán más a través de bits que de puertos.
Es momento de que empecemos a sentar las bases de la competitividad a través de la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación.
Nota al margen: En una sola de las categorías quedamos en el Top mundial: fortaleza en la protección a la inversión (5). 02/09/2010
Por: Andrés Montoya Isaza
Todo sistema regional de innovación exitoso en el mundo ha contado con el respaldo de distintas fuerzas políticas. Los actores políticos son cruciales en la medida que integran visiones de desarrollo, hacen partícipes distintos públicos y avalan decisiones estratégicas y presupuestales indispensables para el avance de grandes iniciativas.
El pasado sábado 21 de agosto el Concejo de Medellín aprobó por unanimidad dos importantes Proyectos de Acuerdo. El primero autoriza a la Alcaldía a vincularse a la Corporación Ruta N Medellín, y el segundo institucionaliza la semana de la CTi en la ciudad. Demostrando así que la Ciencia, la Tecnología y la Innovación (CTi) cuentan hoy con un importante puesto en las agendas públicas y privadas de nuestro país y de nuestra ciudad.
La vinculación formal de la Alcaldía de Medellín a la Corporación Ruta N es clave en la consolidación de una visión de futuro que viene presentando la Administración a la Ciudad con Ruta N. Más que el cumplimiento de un trámite burocrático, el Cabildo Municipal dio un espaldarazo a la CTi como factor clave para el desarrollo económico y social de la ciudad y de la región. Con esta autorización, la Alcaldía cuenta ya con un organismo especializado que tendrá la responsabilidad de liderar sus asuntos relativos a la CTi para la construcción de una economía del conocimiento.
Ruta N es una iniciativa que nace de la Alcaldía, y en su consolidación ha contado con dos importantes socios, Empresas Públicas de Medellín y UNE Telecomunicaciones, quienes desde el inicio han brindado todo su respaldo institucional y económico. Así mismo, en su proceso de gestación y crecimiento han participado importantes aliados como Proantioquia, la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, universidades, empresarios, entre otros.
Así, todas las condiciones están dadas para que Ruta N empiece a trabajar en pro de la ciudad y la región, promoviendo la CTi para la competitividad y facilitando la creación de nuevos negocios basados en el conocimiento. El reto que tiene la ciudad por delante es inmenso: entrar a la economía del conocimiento, potenciando los negocios y los empleos de las siguientes generaciones. Este reto es responsabilidad de todos, Ruta N deberá ser uno de los actores clave en su logro pero, insisto, es un camino colectivo que exige el tesón de los distintos actores (la famosa triple hélice). Ruta N es una parte de la ecuación y por ello es menester de las distintas fuerzas sociales exigirle en el cumplimiento de sus responsabilidades y retos de futuro.
Es muy positivo todo lo que viene sucediendo en Medellín en el desarrollo de la CTi (El Comité Universidad Empresa Estado, La Feria de Negocios de Tecnnova, Proinnova y sus spin offs, el programa Ondas de Colciencias operado por el CTA, la Cámara de Comercio con la Alianza por la Innovación, las mentorías de Proantioquia, empresas grandes y medianas invirtiendo en I+D, el programa Enlaza Mundos de la Alcaldía, un Concejo sesionando CTi, entre otros proyectos) y aunque algunas voces han manifestado que estamos entre un caos institucional y una avalancha de programas, yo les digo que tranquilos, que más vale atajar que empujar, que las cargas se irán acomodando. Así, con el entusiasmo que hoy se percibe de los actores públicos y privados y con el tesón de nuestra cultura, iremos construyendo la ruta de la economía del conocimiento. Aún falta mucho por recorrer, pero sepan que nos estamos preparando más para una maratón que para los 100 metros planos!
09/08/2010
Por Andrés Montoya Isaza
Estaba en deuda con esta entrada del blog, pues quería escribirla con los pies en la tierra y no con la emoción de la primera reunión que tuvimos con las directivas de HP en Bogotá.
Un día de marzo me llaman de la ACI (Agencia de Cooperación e Inversión de Medellín y el Area Metropolitana) para que los acompañe a Bogotá a una reunión con una multinacional que estaba buscando instalar un centro de servicios tecnológico; Colombia estaba en la lista corta de países seleccionados, con Bogotá y Medellín como las posibles ciudades receptoras.
Armamos una presentación mostrando la transformación de Medellín, el portafolio de beneficios que existen por invertir en Medellín y un proyecto de ciudad concreto que se amoldaba a sus requerimientos, Ruta N. Llegamos a la reunión. Entre la ACI y Ruta N hicimos una buena venta de ciudad y los enganchamos para que vinieran a visitar a Medellín. A los diez días estábamos recorriendo la ciudad y reunidos con actores clave que le daban fuerza y credibilidad a las capacidades de Medellín para alojarlos.
Muchas veces los astros se alinean y aquello del “ayúdate que yo te ayudaré” sí que funciona. Cuando estábamos conceptualizando Ruta N decíamos que además de tener unos buenos contenidos aunados a una intervención urbana debíamos contar con un ancla internacional que detonara el desarrollo de uno de los tres sectores que estamos priorizando, que marcara un hito económico en Medellín, que fuera un referente de primer nivel internacional, que generara nuevas dinámicas empresariales y que fuera una inversión extranjera que apalancara exportaciones. ¡Y así fue!
Luego de esa primera reunión de marzo siguieron varias en las que continuamos afinando la propuesta de parte y parte. Quiero resaltar la alta capacidad institucional de la ciudad para responder a este tipo de retos, sin ningún afán de protagonismo, y todos con un objetivo común y claro. Así mismo, el trabajo que hizo la ACI, con toda la determinación y delicadeza del asunto. Todos estos elementos fueron juntando las piezas del rompecabezas. A ratos nos llegaban ciertos ataques de ansiedad y nos preguntábamos “¿y cuándo será que deciden?”
El resultado que hoy conocemos fue antecedido por una visita a los altos directivos de HP en EEUU encabezada por el alcalde Salazar. El CEO de HP nos dijo en su momento que ellos buscaban tres elementos para tomar su decisión: talento humano, oportunidades de negocios e incentivos. A lo cual el Alcalde respondió que Colombia y Medellín ofrecían de lejos los tres: una ciudad con excelentes universidades e institutos tecnológicos; Colombia, una economía emergente con alto dinamismo, y Medellín, la sede de importantes empresas multilatinas y unos incentivos tributarios del gobierno nacional muy atractivos en torno a las zonas francas.
A mi juicio, la llegada de HP a Medellín constituye un hito en la historia económica y de inversión en la ciudad y constituye un importante paso hacia la construcción de la economía del conocimiento.

¿Qué sigue? Lo primero es que espero un sacudón en la industria local y nacional de TIC, seguro habrá algunas caras largas y otras pensando en las oportunidades que se abren, todo depende de si vemos el vaso medio vacío o medio lleno. Para estos últimos, seguro aparecerán las oportunidades de nuevos negocios y así mismo impulsarán el nacimiento y desarrollo del Clúster TIC como plataforma de crecimiento. Lo segundo, con el liderazgo de la ACI, Medellín deberá potenciar sus políticas y acciones en busca de inversión internacional enfocada a la economía del conocimiento. 02/08/2010
Por Andrés Montoya Isaza
Estamos adelantando una consultoría para el diseño organizacional de Ruta N. Entre las múltiples discusiones debo confesar una que me lleva a reflexionar sobre el tipo de organización que me imagino para una empresa del conocimiento, ergo para Ruta N.
Tengo cierta fijación con la palabra “asistente”, específicamente para ciertos cargos que tengan en alguna parte del rótulo “asistente”. A mi modo de ver y sentir, si queremos construir organizaciones de conocimiento debemos renovar las estructuras tradicionales, veamos:
En una organización del conocimiento debe participar gente altamente empoderada, capaz de tomar decisiones, de no tragar entero y ser capaz de cuestionar a sus colegas y jefes. Es decir saber dudar y argumentar, no solo desde la lógica racional sino también desde el “olfato” y los “instintos”.
Este tipo de cultura es la que ha permitido el desarrollo tecnológico de Israel. En el libro “Start-up Nation” describen como elemento clave en la cultura innovadora Israelí el rosh gadol (cabeza grande), la actitud en la que se siguen las órdenes de la mejor manera posible pero haciendo énfasis en la improvisación por encima de la disciplina y desafiando a los superiores por encima del respeto a la jerarquía.
Así, mi rayón con la palabra “asistente” es que no me imagino en una organización del conocimiento gente con actitud de “si doctor, lo que usted diga”; todo lo contario, gente capaz de opinar, de discernir, de proponer, de indagar, de contradecir, de arriesgarse, de caerse y volverse a levantar, de escuchar, de valorar y entender al otro. Tampoco me imagino una organización de “pequeños jefecitos” donde su ego está en función del número de asistentes o de las tareas básicas que les hacen otros.
Las organizaciones del conocimiento exigen nuevas maneras de liderazgo. Ya los jefes no podrán ejercer su jerarquía en función de un cargo o una oficina, sino en función de habilidades como la construcción de relaciones, el buen olfato, la capacidad de inspirar y orientar; jefes con la habilidad de tener a su lado gente más inteligente que ellos mismos; jefes que sientan satisfacción cuando los cuestionan y retan. Se trata de toda una nueva forma de liderar de la cual quisiera seguir reflexionando con los lectores.
Una organización del conocimiento debe mantener la cultura del “emprendedor” donde imperen la creatividad, la velocidad y la ejecución. A mi modo de ver solo se logra con la calidad de la gente en el equipo (sin decir que unas personas son mejores que otras, simplemente somos distintos) y con la cultura organizacional. No podemos pretender tener una organización creativa con horarios marciales, ni donde se prohíba el acceso a los youtube y redes sociales. Así mismo es clave permitir la diversidad y la pluralidad, y asegurar el respeto por el otro y por el todo.
Es así como me imagino que debemos construir la organización Ruta N y muchas de las empresas del conocimiento que hoy existen y las que están por llegar.
Adenda: quiero aclarar que no tengo nada en contra de las personas que desempeñan los reales cargos de “asistentes”; todo lo contrario, para que una organización triunfe se requiere de la participación y compromiso de todos sus integrantes, cada persona y tarea, por simple o compleja que sea, son cruciales para el logro de las metas.
Me pueden escribir a: andres.montoya@rutanmedellin.org
01/07/2010
Por Andrés Montoya Isaza
Siempre hay una primera “vez”, que es memorable en la medida de la calidad de las “siguientes veces”. A pesar de tener un largo recorrido en el mundo tecnológico, apenas hoy me estreno como bloguero, pero bueno, ¡nunca es tarde para una primera vez!
A través de este espacio quiero invitarlos a construir y debatir las “siguientes veces”, los pasos y los saltos que debemos dar como sociedad hacia la transformación en una economía basada en el conocimiento. Les advierto, no esperen tratados ni elucubraciones muy sofisticadas de la materia. Todo lo contrario, espero que este sea un espacio dedicado a las observaciones simples pero no simplistas, a opiniones y discusiones respetuosas y profundas, en torno a la urgencia de incorporar la innovación como factor clave en la competitividad.
En primer lugar les quiero compartir mi aproximación a la innovación, que va de la mano con lo que estamos construyendo en rutan, donde concebimos la innovación como la unión del conocimiento con los mercados. Nuestro trabajo está enmarcado en dos objetivos estratégicos. Primero, el fortalecimiento y la creación de capacidades y condiciones en el ecosistema de ciencia, tecnología e innovación; segundo, la potenciación de negocios del conocimiento. Así, nuestro gran norte es el mercado, y la manera de diferenciarnos es con la incorporación del conocimiento.
El gran reto es el cómo lo vamos a lograr. A mi juicio, el reto tiene dos dimensiones. La primera, la menos compleja, está relacionada con los aspectos técnicos necesarios para el diseño y la implementación de la política pública, los programas y las actividades propias del desarrollo de un ecosistema de innovación. La segunda, a mi entender mucho más compleja, es la dimensión del liderazgo, en la medida que necesitamos generar unos cambios profundos en los modelos mentales que determinan la manera en que nos relacionamos los distintos actores, cómo investigamos, cómo nos comunicamos, cómo desarrollamos productos, cómo conquistamos mercados, entre muchos otros.
Esta ruta es responsabilidad de muchos actores, que lograremos las “siguientes veces” si somos capaces de trabajar conjuntamente por un norte común, con una restricción ineludible, el tiempo. Si no afanamos el paso, el tren del desarrollo basado en el conocimiento nos pasará de lado y seguiremos condenados a otros cien años de subdesarrollo. Es solo responsabilidad nuestra generar los cambios necesarios y es 80% actitud.
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